939. Quòd si fortè aliquis dicet, duntaxat oriri...

Si alguno pretendiera que lo sensible puede surgir de lo insensible sólo en virtud de mudanza efectuada en esto último durante una evolución parecida á la que experimenta el animal desde el estado embrionario hasta que se muestra á luz, sería preciso hacerle saber que á todo nacimiento precede indeclinablemente la formación de un organismo, que no hay mudanza donde no hay un ente capaz de ser mudado, y que no pueden surgir las sensaciones sino en seres sensibles; luego antes de que haya una determinación corpórea cualquiera, los materiales que han de integrarla se hallarán confundidos en el aire, en el agua, en la tierra y en el fuego, y no podrán de modo alguno establecer entre sí mutuas relaciones que den por resultado la vida manifestada en sensaciones y movimiento.

952. Præterea, quamvis animantem grandior ictus...

Choques violentos que repentinamente conmuevan la constitución de un animal, pueden variar la posición de los elementos materiales de éste, y consiguientemente confundir las facultades de su alma y trastornar las funciones de su cuerpo, hasta el punto de que la acción de la vida se anule y la materia sacudida en los miembros rompa los lazos del alma y ésta sea lanzada fuera por todos los poros. Aun así, esas contrarias fuerzas ¿podrán hacer algo más que apartar y disolver?

962. Fit quoque, uti soleant minus oblato acriter ictu...

Pero si los choques son menos rudos, la energía vital puede resistirlos, calmar el desorden que produzcan sobre el cuerpo atacado, reconstituir éste, dominar la acción destructora de la muerte, la cual podría haberse apoderado en un momento de cuasi todo el organismo, y sostener la vida próxima á desvanecerse. ¿Cómo, si así no fuera, habría de ocurrir que en ciertas ocasiones los sentidos cercanos á la extinción pudieran reverter á la vida y consolidar la unidad del alma, sin ceder al movimiento de inmediata disolución que los empujara?

970. Præterea, quoniam dolor est, ubi materiai...

Es también cierto que el cuerpo vivo experimenta dolor cuando los principios materiales que integran sus vísceras son perturbados en su posición ordinaria; pero cuando éstos recuperan su estado normal, aquél vuelve á sentir bienestar agradable. Y como los elementos no constan de partes que puedan separarse y volverse á reunir, lícito será afirmar de ellos que no pueden ser ofendidos por el dolor ni lisonjeados por el placer: luego son incapaces de sensaciones.

981. Denique, uti possint sentire animalia quæque...

En fin, si para explicarse las sensaciones de los animales hubiera que atribuir á éstos una composición de principios sensibles, ¿qué sucedería? Deberíamos admitir que los elementos constitutivos del hombre eran agitados por trémula risa, vertían lágrimas que les inundasen boca y mejillas, perspicuamente investigaban las causas de los fenómenos y hasta indagaban su propia íntima estructura: porque si los elementos que componen al hombre han de ser equiparados al hombre mismo, deberán constar de principios materiales y éstos de otros, y así indefinidamente. Según estos datos, si me hablas de un ser que se comunica, ríe y sabe, deberé pensar que dicho ser está compuesto de substancias simples que hagan lo mismo. Pero si pensamos que esta afirmación es un delirio de mente perturbada porque un ser puede reir aunque no esté formado por elementos que rían; y saber y comunicar sus ideas con docto razonamiento, sin que sus principios constitutivos sean elocuentes ni sabios, ¿cómo podremos negar que los seres sensibles resulten de componentes insensibles?