999. Denique cœlesti sumus omnes semine oriundi...
Todos somos originarios del Cielo; éste, padre de todos, envía gérmenes creadores á nuestra madre la Tierra que, fecundada, produce nítidas frutas, lozanos arbustos, el género humano y toda clase de animales á cuyas necesidades provee con alimentos útiles para la vida individual y para la propagación de las especies: por este motivo con razón se da á la Tierra nombre de madre. Cuanto de la Tierra dimana vuelve otra vez á ella; y cuanto proviene de las regiones celestiales otra vez tiene entrada en las mansiones etéreas. Los cuerpos simples de la materia, aun cuando los veamos convertidos en inútiles sobrantes excretados, son eternos: la muerte, que destruye las formaciones compuestas, deja incólumes los componentes; cuando más, los separa á fin de que la Naturaleza vuelva á asociarlos de otro modo, en nuevas formas, con diferentes colores, en integraciones dotadas de sensibilidad ó sin esta condición. Los hechos apuntados te harán conocer que es necesario estudiar con detenimiento las combinaciones variadas, las diversas posturas y los diferentes cambios que experimentan los primeros elementos, ya que de ellos y de sus mudanzas de posición surge la vida y dependen el nacimiento y la muerte. En estos mismos versos puede observarse que la significación de ellos depende ciertamente del orden en que están colocadas las palabras que los componen: con las mismas letras se forman vocablos representativos de las ideas de cielo, mar, tierra, astros, sol, frutos, árboles y animales: en muchas ocasiones la inversión de letras determina significados muy distintos. Así también sucede con los elementos de la materia: si cambian de lugar, posición, orden, cantidad y proporciones, cambian las cosas que integran, y la figura de ellas, y su peso, y sus relaciones recíprocas.
1031. Nunc animum nobis adhibe veram ad rationem...
Dispón ahora tu ánimo para escuchar nuevos razonamientos: otra serie de consideraciones pugnan vehementemente por llegar á tus oídos, y verdades no generalizadas voy á darte á conocer. Así como nada hay tan fácil que al iniciarse no parezca de concepción difícil, así también nada hay grande ni admirable en un principio que no pierda poco á poco su importancia cuando lo contemplamos mucho tiempo: si el color puro y brillante del espacio sideral, las estrellas que la noche adornan, y la luz esplendorosa del Sol y de la Luna apareciesen á nuestra vista de improviso por vez primera, ante sus maravillas quedaríamos sorprendidos; ¿qué cosa podría ser comparada con tan admirables portentos y qué personas se hubieran atrevido á imaginar, antes de presenciarlos, tan soberbios espectáculos? pero hoy los vemos sin asombro alguno, y tan acostumbrados á ellos estamos, que apenas hay alguien que se digne levantar los ojos para contemplar la arquitectura del cielo. Así la novedad de las reflexiones que voy á presentarte, no debe causar prevenciones en tu ánimo; por lo contrario, debe estimular tu atención á fin de que medites en los hechos que voy á exponerte y admitas mis razones si crees que son verdaderas, ó las rechaces si las consideras falsas. Trato de indagar si el infinito espacio puede traspasar el ámbito del mundo, y lo que puede haber más allá de la redondez de la tierra hasta donde la mente pueda alcanzar, y el ánimo, libre de prevenciones, consiga elevar su vuelo.
1056. Principio, nobis in cunctas undique partes...
Primeramente, al considerar todas las cosas, ya sea de un lado para otro, ya de arriba para abajo, no se hallan límites al Todo, y como ya te he dicho, esta evidencia se proclama por sí misma y se demuestra por todo el orden natural. De ningún modo ha de juzgarse verosímil que en el infinito espacio donde en número ilimitado con movimiento eterno vuelan gérmenes de muchas formas, se hayan creado solamente este orbe terráqueo y ese cielo que lo rodea; y haya, por tanto, muchísimos elementos primitivos encerrados en perpetuo ocio. Todo cuanto existe ha sido hecho por la Naturaleza, y los principios de las cosas, por su propia condición, después de movimientos varios inútiles, discordantes, destructivos, casuales, han originado este conjunto de tierras, mares, cielo, y el género de animales: luego es preciso reconocer que en el infinito espacio existirán sin duda otros muchos agregados semejantes á este que forma nuestro mundo.
1075. Præterea, cùm materies est multa parata...
Además, siempre que en la Naturaleza haya una cantidad conveniente de materia y sitio que le sea adecuado, si no hay causa que se le oponga, por necesidad han de producirse algunos seres. Ahora bien; como los elementos de la materia se dan constantemente en número que no podría contarse durante los siglos, y todos han de poseer igual aptitud para moverse en el espacio y unirse en combinaciones varias, debemos creer que en la inmensidad habrá otros mundos como el nuestro y otros hombres y otras fieras.
1085. Huc accedit, ut in summa res nulla sit una...
Ocurre también que en el mundo ningún ser hay único en su especie que nazca aislado y crezca en la soledad; de cada género hay numerosos individuos: puedes comprobar esta afirmación sólo con observar lo que sucede entre los animales, pues lo mismo que abundan las fieras errantes en los montes y la progenie humana y las mudas especies escamosas y las razas volátiles, es racional suponer que de igual modo la Tierra, el Sol, la Luna, los mares y todas las entidades que nosotros vemos no han de ser únicos en el concierto universal, sino pertenecerán á un orden numeroso, y estarán sujetos á las leyes de vida y muerte, lo mismo que los demás grupos formados por numerosos individuos.