Voy ahora á tratar de explicarte lo que entiendo acerca de la esencia del ánimo y de las substancias que lo componen. Desde luego afirmo que es un concreto sutil de elementos sutilísimos: considera reflexivamente esta opinión, y la hallarás confirmada. Nada hay que tenga la rapidez con que el ánimo concibe y realiza sus proyectos; la Naturaleza no ha formado ningún cuerpo más activo. Como es tan móvil, debe estar integrado por glóbulos muy tenues que pueden ser agitados por cualquier débil impulso; el agua, apenas tocada, se mueve y fluctúa por estar compuesta de elementos sutiles; más consistente la miel, es más pesada, corre con lentitud, sus moléculas se adhieren entre sí porque son poco pulidas, algo pesadas, menos globosas; el viento más leve dispersa con prontitud una grande cantidad de simiente de adormideras, pero no produce efecto sobre pesadas masas de hierro ó de piedra. Los cuerpos son movedizos en proporción al pulimento y tenuidad de sus moléculas, y son más resistentes aquellos que contienen elementos ásperos y voluminosos.
Ahora bien: como la naturaleza del ánimo es notablemente movible, necesario es que esté formada por corpúsculos simplicísimos, muy ligeros y redondos. Y el conocimiento de este postulado ¡oh querido amigo! te será muy útil y de oportunas aplicaciones.
208. Hæc quoque res etiam naturam deliquat ejus...
De otra observación se infiere cuál sea la tenue contextura del ánimo y en qué reducido lugar se contendría si pudiera condensarse: cuando el hombre llega al reposo de la muerte, después de quedar deshecho el tejido propio del ánimo y del alma, bien podrás ver que el cuerpo no pierde forma ni peso: la muerte se lleva la sensibilidad y el aura de la vida, pero deja intacto lo demás. Luego es necesario que el alma, unida á las venas, vísceras y nervios, esté formada por principios muy tenues, ya que al desvanecerse ella el cuerpo no pierde gravedad ni pierde su forma: también, cuando por evaporación se disipan la esencia del vino, el aroma de los perfumes ó el delicado sabor de los manjares, los cuerpos respectivos conservan la misma apariencia y el mismo peso, porque los elementos que les daban color y sabor, diluidos en el conjunto, eran extraordinariamente sutiles. Ante la consideración de estos hechos, una y muchas veces deberemos de afirmar que el ánimo y el ánima constan de principios materiales mínimos, cuya desaparición de un cuerpo, en que se manifiestan, no disminuye en nada el peso y el volumen del cuerpo mismo.
No por eso ha de pensarse que el alma sea simple; el moribundo exhala cierta aura tibia que supone especial combinación de calor y de aire frío: las moléculas del calor están muy separadas, y entre ellas pueden penetrar y situarse elementos primordiales aéreos.
237. Jam triplex Animi est igitur natura reperta.
Hasta ahora hemos hallado que la naturaleza del ánimo tiene tres componentes[34], pero no son bastantes por su condición para engendrar las sensaciones: no se puede concebir que aquellos principios, por sí solos, puedan crear movimientos sensoriales y dar actividad á la inteligencia: es necesario que admitamos un cuarto principio impulsor, aunque no sepamos darle nombre, si bien consideremos que ha de ser movedizo, de elementos muy finos, pequeños y veloces: este agente innominado imprime en nuestros nervios la acción y la energía de la vida; puesto en agitación, transmite su corriente al calor y al aura vital, y establece el movimiento para todo el organismo; entonces la sangre late en las venas; las vísceras devienen sensibles, y los huesos y la médula se hallan capacitados para sentir impresiones de dolor y de placer.
[34] Principio frío (aire); principio cálido (calor); principio templado (aura vital).
Pero si en esa cuarta esencia substancial del ánimo penetra el dolor, se produce una conmoción general del cuerpo, y en éste no queda sitio donde la vida se refugie; por tanto, las partes del alma tienden á salir por todos los poros: sin embargo, las más de las veces, el trastorno ocasionado por efecto del dolor no traspasa la superficie del cuerpo, y la vida se repone para nueva larga duración.
258. Nunc ea quo pacto inter sese mista, quibusque...