Defectos de nuestra lengua patria no me permiten, á pesar de mis deseos, explicarte claramente las relaciones que entre sí mantienen aquellos elementos mezclados; intentaré, no obstante, dilucidar el asunto, aunque sea sumariamente y hasta donde me sea posible. En concertada indestructible unión se mueven los primeros principios; nada hay que pueda separarlos; son como varias fuerzas unidas en un solo cuerpo; la potencia de todos en ningún caso puede ser ejercida por cualesquiera de ellos aisladamente. De igual modo que en las vísceras de los animales se producen condiciones adecuadas para la percepción del olor, calor y sabor, y constituyen facultades propias, no de órganos aislados, sino de un cuerpo que sea perfecto; así también el calor, el aire y el aura vital, combinados, integran una sola substancia, en la cual surge aquel agente que da impulso al movimiento de todo el organismo y dota de sensibilidad á las vísceras: este poder motor se encarna en lo interior de nuestros miembros: nada hay más íntimo en nuestro cuerpo que ese agente; es como el alma de nuestra alma, que ejerce influencia en todo nuestro ser; es la fuerza impulsora del ánimo y la esencia del alma, fuerza y esencia ocultamente unidas; en su formación entran elementos muy pequeños y muy pocos, pero aun así late y domina en todo el cuerpo, y es, volveré á decirlo, el alma de nuestra alma. Deberemos, pues, afirmar que el aura, el aire y el calor se extienden, combinados, por todo el cuerpo en regular proporción; porque si alguno de esos elementos preponderase, no formarían un solo todo. Si el nexo entre el aire, el calor y el aura vital se rompiese, de su desequilibrio sobrevendría la muerte.
288. Est etiam calor ille Animo, quem sumit in irâ...
El calor enciende, además, en ira el ánimo: con su ardiente impulso la sangre hierve y los ojos brillan: por su parte el aire, que es frío extremadamente, provoca el temor y por excitación de éste se agita en convulsiones; por último, el aura, que es tibia, de plácida calma nos llena el corazón y lleva la serenidad á todo el organismo. El calor predomina en aquellos seres que se distinguen por temperamento efervescente dispuesto á la ira, entre los cuales figura en primer término el león que es todo bravura y valentía; de su pecho brotan pavorosos rugidos; no puede contener los ímpetus de la violencia: el aire influye especialmente en los venados, los cuales, agitados por el frío que hiela sus vísceras, tiemblan por cualquier motivo: por efecto del aura templada los bueyes gozan vida apacible; ni los torbellinos de ciegas cóleras los arrebatan con accesos de ira, ni del hálito helado los entorpecen con temores los miasmas que penetran hasta la médula; es, por tanto, el buey, animal que tiene su propia situación entre el tímido venado y el fogoso león.
307. Sic hominum genus est: quamvis doctrina politos...
Así pasa al género humano: la educación puede modificar la índole de algunos hombres; pero éstos conservan siempre vestigios de la señal que en su constitución les marcó Naturaleza. No creas posible arrancar la propensión á los vicios que en algunos se manifiesta, ni evitar que otros dejen arrebatarse por la ira, aquél sucumba á injustificado temor, ó éste se dedique excesivamente á determinadas complacencias: mucho difieren entre sí los caracteres de los hombres y las costumbres que de ellos se derivan. No pretendo hacer ahora una disquisición acerca de las causas ocasionales de esos fenómenos que señalo, ni tampoco á exponer los dictados que corresponden á las figuras de los elementos que tantas variedades crean; pero por inducción de los hechos observados me atrevo á decir que las naturales inclinaciones se modifican notablemente con auxilio de la enseñanza y con auxilio de la razón; nada hay que nos incapacite para gozar vida propia de dioses.
325. Hæc igitur natura tenetur corpore ab omni...
La naturaleza ó manera de ser de cada individuo está constituida por todo el cuerpo, del cual es norma y regla de vida: entre el cuerpo y su propia naturaleza no hay diferencias de origen ni puede haber separación: la muerte los disuelve. De igual modo que no es factible desligar el incienso y su propio olor sin destruir la naturaleza de ambos, así también no es posible extraer del cuerpo los constitutivos del ánimo y del ánima sin que los tres se deshagan: sus respectivos elementos desde el principio de cada existencia determinada, se hallan de tal modo enlazados, que por igual contribuyen á la vida íntegra del ser: en nada puede revelarse el ánimo sin el cuerpo, y nada puede éste sentir sin la impulsión del ánimo: sus acciones combinadas encienden la vida y dan sensibilidad á los órganos.
339. Præterea, corpus per se nec gignitur unquam...
Además, cuerpo sin alma nunca es engendrado, ni crece, ni subsiste después de la muerte: podrá el agua por la acción del calor evaporarse en parte y en parte quedar incólume; pero los órganos corporales no pueden tener vida sin alma: cuando ésta falta es cuando aquéllos perecen penetrados de corrupción. Desde la iniciación vital del ser, el alma y el cuerpo con movimientos mutuos están íntimamente unidos, de tal manera que si en el útero materno quedaran desligados sería cuando el ser muriera: luego si una y la misma es la causa de la existencia del cuerpo y del alma, una y la misma ha de ser su naturaleza.
352. Quod superest, si quis corpus sentire renutat...