Aún más: si alguien supusiera que el cuerpo no experimenta sensaciones y pensara que solamente el alma, por todo aquél extendida, es capaz de ese movimiento á que damos el nombre de facultad de sentir, sostendría una opinión opuesta á la verdad; y, por lo contrario, ¿quién se atreverá á decir que el cuerpo siente por sí propio, sin la intervención del alma, cuando ésta se revela constantemente? El cuerpo deja de ser sensible cuando el alma de él se retira: pierde el cuerpo durante la vida muchas cosas que no le son adecuadas, y en el momento de la muerte pierde otras. Decir, pues, que los ojos no pueden objeto alguno distinguir porque son meras aberturas que sirven al ánimo para hacer sus observaciones, es delirar y proceder contra el dictamen de los sentidos: con auxilio de los ojos se forman las imágenes para las representaciones. Muchas veces la presencia de una luz muy viva, al molestarnos, perturba también el fenómeno de la visión; pero si los ojos no fuesen más que ventanas para mirar, no podrían influir en las funciones visuales. Además, si los trastornos que en ocasiones sufrimos no pasaran de los ojos, sin ellos el alma podría distinguir las cosas y nunca experimentaría contrariedades.
372. Illud in is rebus nequaquam sumere possis...
Acerca de este orden de ideas no debes admitir como verdaderas todas las que afirmaba el ilustre Demócrito, el cual entendía que los elementos primarios del cuerpo en precisa relación corresponden á otros iguales del alma; porque es lo cierto que los principios de ésta han de ser más tenues y en número más reducido que los del cuerpo en el cual aquéllos se encuentran esparcidos. Lo que podemos asegurar es, que los elementos constitutivos del alma son todos los que en los órganos existen capaces de sensaciones. No nos produce molestia el polvo que á nuestros piés se adhiere, ni el color gredoso que tiñe el semblante[35], ni la niebla nocturna; tampoco nos afectan los débiles filamentos que las arañas en los caminos colocan, ni los despojos que lanzan al suelo, ni las plumas de las aves, ni el vilano que del cardo se desprende y después de fluctuar en el aire cae lentamente con vacilaciones debidas á su levedad; ni aun siquiera notamos el paso de los insectos que se arrastran ó el de los débiles mosquitos que sobre nosotros se posan. Por tanto, las partes de que se compone la textura de nuestros miembros deben ser impresionadas con cierta relativa intensidad para que los elementos del alma dispersos en todo el cuerpo reciban la sensación correspondiente, se activen, choquen y ejerciten sus acciones concertadas.
[35] Horacio y Petronio escribieron acerca de las mujeres que se embadurnaban el rostro con greda.
394. Et magis est Animus vitai claustra coercens...
Más decisiva influencia ejerce el ánimo que el alma en la función de moderar la vida y dirigir las acciones de los seres racionales: inmediatamente que falta el ánimo, no puede el alma permanecer ni un solo instante en nuestros miembros y abandona el cuerpo al frío de la muerte para elevarse por las regiones del infinito espacio; pero disfrutan de la vida los seres que del ánimo gozan, aunque el cuerpo sufra incomodidades y haya perdido parte del alma entre dolorosos estremecimientos de próxima descomposición: mientras exista la potencia sensitiva que reside en el ánimo, no se extingue el aliento vital: por muy contrariados que se encuentren los miembros, es posible la reposición de la vida que se les escapa, en tanto conserven un pequeño lazo con el alma; como es fácil que subsista la facultad de la visión aunque los ojos se hallen lesionados. Puedes ofender las órbitas, cortar los párpados, herir el globo ocular, pero si dejas intacta la pupila, conservarás la vista sin grave modificación; por lo contrario, si dañas la parte central del ojo, á pesar de ser tan pequeña y aun cuando todos los demás órganos exteriores de aparato visual se hallen en buen estado, perderás la vista, y la obscuridad te envolverá quizá para siempre: de modo igual se cumplen las leyes relativas al ánimo y al ánima.
Ahora debes de considerar que juntamente con los animales nacen y mueren sus respectivos ánimos y almas[36]. Procuraré explicarte en versos dignos de tu atención, esa verdad que he adquirido en virtud de continuados é incesantes estudios; pero ten desde ahora en cuenta que aquellas dos substancias, por su unión indisoluble, constituyen una sola y voy á comprenderlas también bajo una sola denominación; así, cuando en lo sucesivo te hable del alma y te diga que es mortal, entiende que me refiero lo mismo al ánimo que al alma.
[36] La inmortalidad del alma, ó mejor dicho, la perpetuidad del alma fué enseñada, según Cicerón, por Phereces, de Siria, y adoptada por Tales de Mileto, Anaxágoras, Platón, Diógenes, etc. Ptolomeo Filadelfo, el mismo que reunió en Alejandría sabios de todas las escuelas filosóficas para formar una sola doctrina que fuese confesada por todo el mundo, prohibió (hace 2177 años) la propaganda de aquella idea por creerla peligrosa para el reposo público. En Grecia y en Roma tendría seguramente muchos partidarios, cuando tanto empeño mostraron en combatirla Epicuro (hace 2150 años) y Lucrecio (hace 1980 años).
427. Principio, quoniam tenuem constare minutis...
Ya he procurado hacer patente que en la formación del alma sólo entran elementos muy delicados y aún más sutiles que los componentes del agua, de las nubes y del humo, supuesto que su movilidad característica se exalta prontamente por la más sencilla causa, aunque ésta no sea más que la mera representación de atmosféricos vapores, como sucede cuando en sueños nos emocionan el simulacro de los perfumes de los altares y el humo de las víctimas sacrificadas en honor de los dioses. Así como se extiende por todas partes el agua contenida en un vaso que se quiebra, y como en los aires el humo y las nieblas se disipan, cree que de igual manera nuestra alma, cuando del cuerpo se aleja, se desvanece en menos tiempo del que los miembros necesitan para su descomposición. Y si el cuerpo, que es como el vaso del alma, queda abatido por un golpe mortal ó extenuado por falta de sangre, ¿podrá retener el alma aunque sea con auxilio de la presión del aire, fluido que al cabo es más fácil de penetrar que nuestros músculos?