[1] Según Plutarco, Venus representa la fecundidad; y Marte, citado algunas líneas después, la fuerza destructora.
21. Quæ quoniam rerum naturam sola gubernas...
Y puesto que influyes en el mundo soberanamente, de tal modo que en él sin ti nada tendría vida y nada sería agradable, inspira estos versos que escribo destinados al estudio de la Naturaleza de las cosas, y dedicados á nuestro Memmio[2], á quien adornar quisiste en otros días con tus más nobles dones: por él ¡oh diosa! demando tu favor. Haz, entre tanto, que los horrores militares duerman en la tierra y en el mar, y como tienes poder para conservar á los mortales paz tranquila, ya que el gran Mavorte[3] que á su gusto rige las batallas suele quedar en tus brazos preso y de intenso amor herido, cuando sediento de contemplar tu albo pecho, inclinada la cabeza y embebecido en tus ojos en éxtasis prolongado tenga de tus labios pendiente su voluntad, y cuando desfallecido en tu regazo yazga y tu dulce persuasión le quebrante la ira, pídele que conceda á los Romanos paz serena; porque ni yo podría en época de aflicciones para mi patria dedicarme con ánimo reposado á entonar mis cantos, ni tampoco el ilustre Memmio podría oirme, impulsado á las armas por la común defensa.
[2] Memmio Gemelo, ciudadano romano que fué pretor de Bitinia y después vivió desterrado en Atenas, donde es fama que recibió algunas cartas de M. T. Cicerón.
[3] Marte (Mars) es síncopa de Mavorte (Mavors).
44. Quod superest, vacuas aures mihi, Memmiada, et te...
Para las lecciones que en forma de dádivas te dedico, reclamo tu atención libre de prejuicios y reposada, querido Memmio; no desprecies las enseñanzas que en ellas se contienen sin haberlas antes contrastado con razón serena: voy á disertar contigo acerca del orden de lo infinito y de la esencia de los dioses; voy á explicarte lo que entiendo respecto á los elementos de que la Naturaleza[4] ha constituido las cosas y á los cuales éstas revierten cada vez que pierden una forma, y considera que doy el nombre de elementos á esos simplicísimos cuerpos generadores que son los primeros principios de todo cuanto existe[5].
[4] Lucrecio usó en muchos lugares de su poema la palabra Naturaleza para significar la vida universal, el principio del Ser, es decir, Dios, Dios único, potencia infinita, posibilidad absoluta, fundamento de toda realidad.
[5] Deliberadamente, sin duda, Lucrecio no empleó ni una sola vez en todo su extenso poema la palabra átomo, que encierra el asunto más detenidamente estudiado en su obra.
56. Omnis enim per se Divum natura necesse est...