Si entiendes que esos animálculos reciben de fuera sus respectivas almas, las cuales se unen á sus cuerpos, deberás observar que es muy sorprendente el hecho de que tantos miles de almas de insectos vermiculares concurran á un sitio donde se halla un cadáver en descomposición; pero aún hay en este asunto para estudiar una cuestión que se divide en dos: si las almas de esos gusanos escogen por su propia iniciativa los embriones que les sirven de materiales para fabricar las casas en que se han de introducir; ó si desde luego se introducen en cuerpos ya formados. No se comprende por qué motivo las almas de los gusanos, que sin cuerpos transitan libremente, exentas de frío, de hambre y de otras molestias, se decidan á construir un cuerpo, donde, al encerrarse, han de sufrir no pocas incomodidades, mediante el contacto que tengan con el cuerpo que les sirva de envoltura; pero si las almas hubieran de construir las moradas en que se aposentasen, deberían recibir fuerzas útiles, acomodadas á ese fin. No es lícito creer que las almas fabriquen para su uso los cuerpos y los órganos en que han de residir, ni tampoco es admisible la idea de que se introduzcan ó establezcan en cuerpos formados con anterioridad; pues no hay conexión ni enlace que puedan existir por consentimiento común del cuerpo y del alma.

749. Denique cur acris violentia triste Leonum...

En fin; ¿por qué la cruel ferocidad de los leones se conserva en su especie? ¿Por qué entre las zorras es hereditaria la astucia y entre los gamos el temor que les obliga á estar siempre fugitivos? Y con respecto á los demás géneros de animales, ¿por qué en todos los grupos hay cualidades permanentes que se transmiten, si no es porque hay elementos especiales que de igual modo contribuyen á la formación del alma que á la del cuerpo? Si aquélla fuese inmortal y residiera ya en un cuerpo, ya en otro, no habría costumbres propias de cada especie animal, y se vería muchas veces al perro de origen hircano esquivar temeroso la presencia del cornígero ciervo, y al rapaz gavilán temblar y huir al ver que se le aproximaba una paloma; los hombres perderían la racionalidad y brillaría el saber de las fieras.

Incurren en grave error los que suponen que sin dejar de ser inmortal el alma, se acomoda á los cuerpos en que se aposenta; pero lo que muda se disuelve, luego muere: si las partes cambian desaparece el orden que constituyen; y por tanto, se perderían en los miembros y morirían juntas con el cuerpo. Si dicen que las almas de las personas siempre á otros cuerpos humanos pasan, preguntaré también que cómo puede suceder que el alma de un sabio esté oculta en un necio, y cómo los potros no tienen la destreza del caballo, si no es porque se origina cada alma de germen propio de su especie y se desarrolla con el total del cuerpo; y si piensan que al habitar en cuerpos nuevos el alma se rejuvenece, implícitamente declaran que el alma es mortal porque la mudanza supone desaparición de las sensaciones y extinción de la vida.

771. Quove modo poterit pariter cum corpore quoque...

¿Y cómo podrían el alma y el cuerpo alcanzar una igual fuerza y perfección si no tuvieran un solo y el mismo origen? ¿Por qué en la senectud las almas todas, sin excepción, abandonan á los miembros? ¿Acaso temen que encerradas en un cuerpo cercano ya á la corrupción, ó metidas en un edificio vetusto puedan ser víctimas de la ruina? Pero tales peligros no podrían alcanzar á seres inmortales.

Además, parece ridículo imaginarse que las almas, evocadas por Venus, acudan presurosas al acto de la generación y del nacimiento y contiendan entre sí en número considerable con extraordinario celo para disputarse el nuevo cuerpo; á no ser que entre las almas exista un pacto federativo en cuya virtud la primera que llegue con vuelo rápido sea la preferida, y de este modo aquéllas no consuman sus fuerzas en inútiles batallas.

Finalmente; ni en el aire se encuentran árboles, ni en el mar nubes, ni los peces viven en los campos, ni en la madera hay sangre, ni en las piedras savia: un propio lugar es adaptado para la vida y crecimiento de cada ser, y no hay alma sin cuerpo dotado con sangre y nervios. Si pudiera haber energía anímica sin aquellos órganos, también sería fácil que el alma tuviera su residencia en la cabeza, en los hombros, en los piés ó en cualquiera otra parte del cuerpo, supuesto que de todas maneras siempre quedaría en la misma persona ó en el mismo vaso. Pero si no podemos dar por cierto que en nuestro cuerpo exista un lugar fijo donde el ánimo y el alma puedan residir y crecer, tampoco debemos admitir como verdadera la idea de que puedan existir fuera del cuerpo: necesario es, pues, afirmar que cuando el cuerpo muere también el alma se disipa.

802. Quippe etenim mortale æterno jungere, et unà...

Y ciertamente, unir lo mortal con lo eterno y suponer una recíproca influencia entre lo uno y lo otro es delirar. ¿Puede haberse discurrido mayor absurdo que el de juntar cosas tan diversas y contrarias como son las comprendidas en lo perecedero y perdurable, y pretender que soporten en continua repugnancia daños comunes?