1. Avia Pieridum peragro loca, nullius antè...

Voy á elevarme á las cimas del Parnaso, y á recorrer campos hasta ahora no hollados por ninguna planta; iré á beber grato licor de fuentes vírgenes, y me apresuraré á coger desconocidas flores, con las que tejeré para mi cabeza corona insigne mejor que todas las que hasta hoy las Musas han concedido; primeramente, porque enseño altas verdades, é intento romper la dura esclavitud con que las religiones han abatido los ánimos, y, además, porque suavizaré un estudio árido con las gracias de la poesía, que convierte en agradable cualquier asunto obscuro; así obraré conforme á razón. De igual modo que los médicos, al propinar á los niños amarga medicina, untan de sabrosa miel los bordes de la copa en que la administran, á fin de que, inexpertos y atraídos por la dulzura que gustan sus labios, sin recelo beban el licor amargo y deban la vida á traición agradable, así yo, ahora que he de explicar asuntos ásperos y desabridos para los que no están acostumbrados á ellos, y fastidiosos para el vulgo, quiero exponerte mi doctrina en el ameno lenguaje de las Piéredes, y con acento de dulce harmonía, para que, al buscar recreo en la lectura de mis versos, adquieras conocimiento de las leyes de la vida y del orden universal[42].

[42] Repetición de los versos 933 á 957 del canto primero.

26. Sed quoniam docui, cunctarum exordia rerum...

Ya he considerado los principios elementales de las cosas y las diferentes formas que afectan, los movimientos á que se hallan sujetos eternamente los cuerpos simples por su propia condición y la manera como de ellos pueden ser creados todos los seres, y, por último, la naturaleza del alma, síntesis de las fuerzas que al cuerpo animan, y la reversión de ésta á sus primeros principios, cuando se disgrega de un cuerpo cuya vida sensible había constituido. Ahora deseo comunicarte algunas otras ideas pertinentes á los mismos temas, y para hacerlo con fruto debo empezar por decirte que hay algunas entidades, á las que vamos á dar el nombre de simulacros de las cosas, las cuales son como unas membranas que rodean á todos los cuerpos, cada cual á aquel de que procede, en forma de emanaciones vaporosas que lo circundan, que vuelan hacia uno y otro lado á impulso de las auras, y que, unas veces, cuando estamos despiertos, se nos ofrecen con terrorífica apariencia, y otras, cuando el sueño nos abate, se nos muestran con figuras horribles, de tal manera, que en la obscuridad nos producen terror y cierta soporífera languidez, y dan ocasión para que algunos entiendan que los simulacros son almas escapadas del Aqueronte, ó sombras de los difuntos errantes entre los vivos, ó restos que después de la muerte de cada individuo permanecen entre nosotros; como si el cuerpo y el alma no perecieran juntos y no se resolvieran en los elementos que los constituían.

Digo, pues, que los simulacros, tenues membranas producidas por desprendimientos de la totalidad del cuerpo de los seres, forman una especie de substancia cortical, libre, aérea, que reproduce con exactitud la imagen ó efigie de los cuerpos de que se derivan[43].

[43] Pensaba Epicuro que de los cuerpos surge un tejido imperceptible, que es elemento de los dioses, origen de nuestras ideas y causa de la visión: el filósofo griego dió á esas emanaciones los nombres de εἴδωλα y τύποι. Lucrecio las llama simulacra, effigies, imagenes.

51. Id licet hinc quamvis hebeti cognoscere corde.

Esta explicación es fácil de entender aun para aquellos que tengan rudo ingenio, porque todos pueden ver y sentir á cada momento densas emanaciones de algunos cuerpos difundidas en el aire, como el humo que de la leña se desprende y el calor que se origina del fuego; pero todavía existen otras de contextura más condensada y viva, como la túnica de abrigo que la cigarra suelta en la estación ardiente, las membranas que los novillos de su cuerpo despiden al nacer y el vestido que lúbrica serpiente deja entre los espinos á merced del viento. Esas observaciones demuestran que de las superficies de los cuerpos emanan propias sutiles imágenes, las cuales unas por condensación de sus moléculas componentes se hacen ostensibles, mientras que otras, por disgregación de estas mismas, no adquieren apariencias fenomenales; permiten asegurar los hechos estudiados que esas partes desprendidas de la superficie de todos los objetos en cierto modo conservan la forma de sus cuerpos generadores, de los cuales más se apartan á medida que más obstáculos se les oponen en el momento de su aparición.