Tampoco debe extrañar que los simulacros se muevan y al parecer agiten con regularidad los brazos y otros órganos; forman una imagen más fugaz que el mismo sueño, porque en éste, apenas una primera ilusoria efigie se disipa, otra quizá muy diferente le sucede, tal vez sin solución de continuidad, y por esta causa varias imágenes sucesivas parecen una sola que cambia y varía repentinamente de gesto. Aún respecto á este orden de ideas tenemos que hacer muchas indagaciones y muchos puntos obscuros tenemos que aclarar si deseamos exponer con claridad el asunto que ahora nos preocupa.

788. Quæritur imprimis quare, quod quoique libido...

Averigüemos antes de todo la causa de los deseos que en el alma se despiertan y de las determinaciones que ésta adopta entre dos extremos. ¿Acaso los simulacros, obedientes á las excitaciones de nuestro apetito, combinan imágenes á nuestro gusto? ¿Quizá la Naturaleza para complacernos forma en nuestra mente, sin la presencia de objeto, fantásticas efigies del cielo, de la tierra, de los mares, de asambleas, ceremonias, festines y combates, y tal vez las crea en la misma región y en el mismo lugar donde el ánimo encuentra cosas muy diferentes?

En verdad, cuando en sueños distinguimos simulacros que marchan acompasadamente, que emplean los miembros con gallardía, que usan con ligereza las extremidades torácicas y abdominales y que acompañan esos movimientos con gestos adecuados, ¿hemos de suponer que han aprendido un arte á cuyas reglas sujetan sus juegos nocturnos; ó más acertadamente creeremos que en nuestra imaginación se presentan confundidos muchos instantes diversos, como sucede con las palabras de un discurso que en gran número se juntan en sucesión apenas diferenciada por los sentidos, pero discriminada por la razón? De igual modo se presentan confundidos simulacros de muy variadas formas y especies relativas á circunstancias múltiples de tiempo y de lugar: ¡tanta es su movilidad y tanto es su número! Y como la tenuidad de esas partículas es muy grande, el ánimo para distinguirlas necesita concentrarse: todas las imágenes que una vez han sido presentes para el ánimo han desaparecido si éste no se ha dispuesto para retenerlas; con esta última condición podemos ver en lo futuro alguna cosa ya pasada, y así en efecto sucede.

¿No observas que cuando queremos ver objetos muy pequeños tenemos que fijar en ellos los ojos con atención sostenida, porque de lo contrario no llegaríamos á adquirir de los mismos una bastante representación? Y si para conocer las cosas que tenemos presentes necesitamos predisponer el ánimo á fin de que éste las contemple como si hubieran estado siempre á largas distancias, y este es un hecho comprobado por la experiencia de todos los días, ¿debe admirar que los simulacros, aun cuando existan, sean perdidos para el que no los estudia? No pocas veces aumentamos en la fantasía el tamaño de los signos de las cosas, y de este modo caemos en error y el ánimo se engaña.

824. Fit quoque ut inter dum non suppeditetur Imago...

Muchas veces en sueño vemos que de repente mudan las imágenes y el sexo á que pertenecen, hasta el punto de que en ocasiones una hermosa mujer se transforma en hombre: cambian el semblante y la edad. Y no debe sorprendernos esa metamorfosis, porque es lo cierto que el sueño y el olvido se parecen. En todo lo que se refiera á las ilusiones que fácilmente nos forjamos, debes proceder con mucha cautela para no incurrir en error: no creas que las pupilas de los ojos, claras y luminosas, fueron creadas precisamente para que nos sirvieran de órganos auxiliares de la visión; ni que las piernas descansan en los piés á fin de que alarguen los pasos que éstos inician; ni que los brazos se ostentan provistos de robustos músculos y terminan en manos obedientes para que realicemos los usos á que los destinamos en la vida.

Quien de ese modo interpretara los hechos que ve y ejecuta, daría pruebas de no haber comprendido las causas y los efectos del orden universal; no se hicieron los miembros para los usos á que los destinamos, sino hemos adquirido costumbres adecuadas á nuestros órganos: antes de ver no hubo ojos, como no se formaron palabras antes de que hubiera lengua que las modulase; por lo contrario, la existencia de la lengua precedió en mucho á la combinación de idiomas; antes de que hubiera sonido existiría el oído, y todos los miembros han de haberse adelantado al uso que de ellos hacemos, porque es indudable que no surgieron para un fin predeterminado[47].

[47] Combate Lucrecio la teoría sobre las causas finales; algunos filósofos, y entre ellos Buffón y Condillac, han desenvuelto los argumentos que Lucrecio señaló, no siempre con buena fortuna, aunque sí con estro poético admirable.

De toda certeza es que los hombres sostuvieron combates á puñadas y se lastimaron y se hirieron antes, mucho antes de que luciente flecha rasgara el aire; la Naturaleza había enseñado al hombre á evitar las heridas antes de que el arte suspendiese del brazo izquierdo el defensivo escudo; más antigua es la necesidad de entregar el cuerpo al reposo que la fabricación de los mullidos colchones de nuestro lecho; ya se sabía mitigar la sed antes de que se inventara el vaso: todos los descubrimientos han sido fruto de la experiencia y se han hecho bajo la inspiración y para satisfacciones de la necesidad. Luego si los sentidos y los órganos que les sirven de instrumentos fueron anteriores á las funciones que desempeñan, podemos decir repetidas veces que no se formaron para que sirvieran de utilidad.