1208. Et commiscendo cùm semen fortè virile...
Al recibir el seno de la mujer la influencia generadora masculina, la descendencia adquiere mayor semejanza con el padre ó con la madre, según de quien proceda la mayor suma de principios generativos; pero si tiene parecido con los dos, señal es de que, excitado el organismo de ambos con igual energía, uno y otro aportaron los mismos elementos para la obra común: se da el caso de que las personas se parecen á sus abuelos cuando los padres en su constitución han reunido principios materiales, dispersos en su inmediata ascendencia. Por este procedimiento, Venus reproduce las facciones de los antepasados, su voz, su cabello, su estatura; y este hecho es una prueba de que los seres constan de elementos fijos. Da origen el padre al sexo femenino y al varonil la madre: cierto es que la prole consta de gérmenes del uno y de la otra; pero en todo caso hay un principio dominante, derivado ya de la mujer, ya del varón.
1232 á 1288. Nec divina satum genitalem Numina quoiquam...
Ni evitan númenes divinos la reproducción de los seres ni se oponen á que reciba el dulce nombre de padre ningún hombre, ni tienen eficacia las súplicas dirigidas á Venus, como suponen los ilusos que vierten sangre de sacrificios en los altares y dedican obsequios á dioses, mientras que piden abundantes medios para que su matrimonio sea fecundo. Se fatigan inútilmente con tales súplicas y tales ofrendas: es inevitable la esterilidad cuando la simiente es muy densa ó demasiado tenue; si es débil resulta inútil por falta de adherencia; si es crasa tiene gravedad inconveniente para la invasión de las células apropiadas y para la identificación consiguiente en ellas. Es indudable que para la eficacia de las funciones regidas por Venus son necesarias condiciones de adaptación entre los esposos: no todos los enlaces producen el mismo resultado: mujeres hay que han sido estériles en varios himeneos, y al celebrar otro, han podido rodearse de numerosos juguetones hijos; y también hay hombres que no han logrado sucesión con varias compañeras, y de un nuevo contrato han conseguido varios hijos que les alegren su vejez. Estos hechos, por su repetición, prueban que el humor espermático masculino y femenino debe tener adecuidad y no ser más craso ni más tenue que lo conveniente para que su conjunción no sea baldía. Los alimentos contribuyen mucho á la calidad del fluido generador, pues con unos se forma pesado y denso y con otros suave y ligero; y, por último, en los efectos de la función influye la forma de realizarla; según dicen, ésta es más eficaz more ferarum quadrapedumque ritu, porque la eyaculación se facilita cuando el pecho femenino está inclinado y alzada la región lumbar. Ciertos movimientos impúdicos son perjudiciales para la generación; hay cansancio inútil, fuerzas perdidas, la reja del arado fuera del surco, la simiente arrojada en terreno yermo: hagan lo que gusten las meretrices para producir mayores alucinaciones y para evitar resultados futuros, pero nuestras esposas no deben caer en deshonestidades.
La mujer menos hermosa consigue hacerse amar sin la intervención de dioses y sin las saetas de Venus; pues una conducta morigerada, unos modales dignos y un cuidado honesto de su persona harán apetecible su trato; después el hábito creará el amor. Golpes sucesivos, aunque débiles, triunfan de los cuerpos duros: ¿no ves de qué manera gotas de agua que sin cesar caen, al cabo de algún tiempo llegan á horadar las peñas?
LIBRO QUINTO
1. Quis potis est dignum pollenti pectore carmen...
¿Quién puede cantar dignamente con inspirado estro en honor de tales asuntos y de investigaciones tales? ¿Quién tiene bastante elocuencia para expresar los elogios que merece el esclarecido genio del que nos enriqueció con dones tan preciados? Nadie, pues creo que varón tan ilustre no tuvo mortal naturaleza, y todo el que aprecie la sublimidad de su obra sin duda habrá de exclamar, ínclito Memmio: «Un dios fué, un dios[53] el que descubrió las causas de la vida cuyo conocimiento se llama ahora Sabiduría, el que por arte propia separó nuestra existencia de las agitadas olas y profundas tinieblas que la rodeaban y la transportó á mar sereno por clara luz iluminado.»