[58] Lucrecio repite los versos 808 al 827 del canto III, si bien con algunas pequeñas variaciones.

381. Denique tantopere inter se cùm maxima Mundi...

Y la impía guerra que los más importantes organismos del mundo entre sí mantienen desde tiempos muy remotos, ¿crees que nunca tendrá fin? Tienden el Sol y otros focos de calor á absorber todos los líquidos y á obtener sobre ellos una victoria hasta ahora no alcanzada á pesar de sus esfuerzos; intentan acumuladas aguas caer en aluvión sobre el Océano y ocasionar un diluvio ó producir extensa inundación, pero los vientos arrebatadores y los ardientes rayos de Sol secarían los mares antes de que las aguas llegaran á conseguir aquel resultado. Con igual constancia sostienen los dos rivales guerra llevada á todas las cosas; pero consideremos que, si la tradición no miente, ya una vez se dió el caso de que el fuego dominase victorioso en toda la Tierra y otra vez ocurrió que las aguas la invadieron casi por completo. Cuando el fuego venció, parte del mundo fué abrasado por causa de la inexperiencia del jovenzuelo Faetonte, que dejó marchar en fogosa carrera los caballos del Sol por todas las tierras y considerable extensión del espacio; pero el Padre Omnipotente, impulsado por terrible indignación, disparó rayo certero sobre el atrevido mozo, y éste cayó herido; entonces Febo, después de la desgracia de su hijo se presentó en el Cielo, tomó la dirección del eterno luminar del mundo, sujetó los caballos, aún jadeantes, los colocó en el camino que debían recorrer y restableció el orden: esta fábula y otras semejantes cantadas por los poetas griegos de la antigüedad son desechadas con desprecio por la razón, porque ésta comprende que si el fuego hubiera llegado á dominar en la Tierra mediante una inmensa cantidad de moléculas ígneas por todas partes extendidas, forzosamente ó el fuego habría sido apagado por contraria fuerza ó el mundo habría quedado consumido por voraz incendio. Y cuando las aguas resultaron vencedoras, según dicen, muchas ciudades fueron destruidas y en su trabajo demoledor las contuvo una opuesta energía procedente de fuera del Universo; entonces las lluvias cesaron y los ríos disminuyeron su furia.

417. Sed quibus ille modis conjectus materiai...

De cuál sea el proceso que los principios de la materia hayan seguido para la formación del Cielo, de la Tierra, del profundo Océano y del curso del Sol y de la Luna, trataré ahora con método; pues ciertamente ni por deliberación se han colocado en orden los elementos de las cosas, ni por combinaciones concertadas han adoptado los movimientos que siguen: por su propia gravedad impelidos, por choques numerosos empujados los unos por los otros, de múltiples maneras atraídos, se juntaron, se repelieron, se combinaron, se desunieron, y después de variaciones indefinidas, llegaron á asociarse en masas y éstas formaron el protoplasma que se desenvolvió en tierra, mar, cielo y seres animados.

Aún el disco del Sol no iluminaba con su espléndida luz el espacio, ni existían las estrellas del mundo, ni mar, cielo, tierra ó aire ni cosa alguna semejante á las que nos rodean; había solamente confusión caótica de elementos. Pero algunas partes comenzaron á disgregarse de esa masa; por afinidad se formaron moléculas, se configuró el mundo, seguidamente en la continuación del propio desenvolvimiento de éste se determinaron sus miembros, y de toda clase de cuerpos simples se constituyeron sus órganos; entonces la discordia de los principios materiales, motivada por la diversidad de sus atracciones, movimientos, gravedad y resistencia, se hizo más cruda; sus varias formas sirvieron de obstáculo para que en unidad indiferenciada se mantuviesen, y por necesidad se formaron masas homogéneas disgregadas del conjunto; de la tierra quedó separado el alto cielo; todas las aguas constituyeron el mar y el fuego etéreo brilló aparte.

Primeramente, los elementos más graves y más intrincados se unieron y se colocaron en medio de las capas inferiores, y cuanto más se enredaron apretadamente, con mayor rapidez se desprendió de ellos la materia idónea para la formación del mar, las estrellas, el Sol, la Luna y el ámbito del mundo; de estos últimos los principios generadores son más ligeros, más redondos y más pequeños que los de la Tierra, y por la misma causa, el éter, con algunas partículas ígneas que le acompañaron, fueron los primeros cuerpos determinados que por los poros de la masa térrea pudieron escapar y constituirse; así como frecuentemente vemos brillantes gotas de rocío que bajo la acción de matutina áurea luz de claro sol centellean sobre las hierbas, ó como exhalan suaves nieblas los lagos y los ríos, ó como de la tierra se desprenden emanaciones vaporosas que forman en las alturas una especie de tejido que oculta á nuestra vista el cielo, así también el éter, aunque fluido y ligero, por condensación formó una especie de envoltura que rodea nuestro mundo. Siguió la formación del Sol y de la Luna, globos que en los espacios giran entre el éter y la Tierra; ni ésta ni aquél pudieron atraerlos, porque dichos globos no son bastante pesados para quedarse en la parte inferior, ni tan ligeros que puedan volar por las mayores alturas: así han permanecido en una intermedia situación donde se revuelven como cuerpos vivos y partes que son del mundo; también algunos órganos de nuestro cuerpo no pueden cambiar de posición mientras otros se mueven.

Ya esta obra cumplida, la Tierra, de repente, en el sitio en que existe la inmensa extensión cerúlea, abrió amplias fosas donde se recogió el líquido salado: en el decurso de los días, condensada la tierra cada vez más y batida por los rayos solares en la dirección del centro á la periferia quedó libre de los elementos acuosos y los mares aumentaron su volumen; también las moléculas de aire y fuego se acumularon en las alturas hasta muy lejos del mundo; al mismo tiempo los montes se levantaron y aparecieron formadas las llanuras; porque no es posible que las rocas sobresalgan sino cuando el resto de la tierra queda abatido. Así el globo terrestre en concreción diferenciada por su peso y consistencia se constituyó, y el limo del mundo por su propia gravedad se precipitó, como heces, á su fondo.

Primeramente está el mar, por encima el aire, después el éter y el fuego, fluidos todos que si bien constan de elementos puros simples, por su composición resultan unos más ligeros que otros; el menos denso de todos es el éter, que se acumula sobre las ondas del aire, con las cuales nunca se confunde, y libre les deja el dominio de las peligrosas tempestades y de las violentas borrascas; y con marcha regular circula de su brillante luz acompañado. Una muestra del movimiento con que el éter puede moverse, nos da el mar que en constante flujo y reflujo se agita.

510. Motibus Astrorum nunc quæ sit causa, canamus.