La causa del movimiento de los astros canto é investigo ahora. Si lo que en realidad gira es el vasto recinto que los contiene[59], será necesario suponer que los dos polos del mundo se hallan comprimidos y estrechados por corrientes de aire que tienden á encontrarse; una superior, que empuja á nuestro cielo en la misma dirección que siguen los cuerpos relucientes del mundo, y otra inferior, que en sentido contrario casi los arrastra, como vemos que en los ríos se mueven las ruedas y los cangilones de noria. Si el cielo permanece inmóvil[60], será necesario admitir que los astros giran con movimientos circulares, ya porque el fluido etéreo, elástico y sutil como es, tienda á escaparse y en movimiento rápido siga la dirección de la superficie curva, fenómeno que daría motivo á la revolución de los cuerpos siderales, ya porque el movimiento sea dado á éstos por el aire exterior, ó bien porque esos mismos seres estén dotados de propias energías para buscar de una parte á otra del espacio el alimento ígneo que los atrae[61]. Difícil es declarar cuál de estos sistemas que tratan de explicar el movimiento del mundo sea el más conforme á la realidad; y por mi parte, después de atender á los hechos que la observación nos da á conocer, referentes á tantos mundos parecidos al nuestro como la Naturaleza ha constituido, me limito á exponerte las causas, admitidas como bastantes, que pueden poner en movimiento á los astros: una ha de haber, sin duda, que desempeñe funciones tan graves; pero cuál sea ella, no se atreverá á afirmarlo quien proceda cautamente en asunto de tanta importancia.

[59] Esta era opinión de Anaxágoras, según testimonio de Diógenes Laercio.

[60] Así pensaba Anaxímenes, si hemos de creer á Plutarco.

[61] Algunos griegos y romanos suponían que los astros eran seres vivos necesitados de alimento.

Nos veremos obligados á admitir que la Tierra pierde poco á poco su volumen y disminuye en la misma proporción su gravedad si la suponemos inmóvil en el centro del Universo y asentada sobre capas de aire, á las cuales se halle unida en relación perfecta, como lo testifica el hecho de que no actúe sobre ellas de modo que las haga descender, de igual modo que los miembros del hombre no oprimen á éste, ni la cabeza ejerce presión sobre el cuello, ni el peso de todo el cuerpo abruma á los piés, aunque un objeto extraño menos grave que su propio individuo cause molestia á cualquiera persona. Para apreciar el equilibrio que resulta entre varias cosas, debe tenerse en cuenta el lazo de unión que las liga: la Tierra no es un cuerpo extraño que de repente se haya colocado encima de masas de aire, sino un ser que en todo tiempo se ha desenvuelto con ellas, y de este modo es del Universo un sumando, lo mismo que todo miembro de un cuerpo es parte de este mismo[62].

[62] El sistema acariciado por Lucrecio para explicarse las leyes de la gravitación, que hasta Newton no fueron más que entrevistas confusamente por los pensadores, es el mismo que sostuvo Plinio, no más exacto, pero no menos erróneo que los admitidos por Jenófanes, Empedocles, Anaximandro y Aristóteles.

Tan pronto como la Tierra sufre el sacudimiento de una tempestad comunica el impulso recibido á todo lo que se halla en su propia superficie, fenómeno que no se podría efectuar si no estuviese ligada en unión íntima con los fluidos aeriforme y eterino: los tres cuerpos tienen raíces entrelazadas y las mismas desde toda la duración de los tiempos. ¿No ves de qué manera, aun siendo el cuerpo con su pesantez carga abrumadora para el alma con su delicadeza, lo puede ésta sostener en virtud de la íntima unión que entre ellos existe? ¿Y qué fuerza puede regir los veloces movimientos del cuerpo, sino el poder del alma, que gobierna los miembros? ¿No has notado que siempre la unión de una débil substancia y de un cuerpo muy pesado ofrece como producto una considerable energía, según se observa en la combinación del aire con la Tierra y en la formación del alma con el cuerpo?

565. Nec nimiò Solis major rota, nec minor ardor...

Ni el disco del Sol puede ser mayor ni menor su fuego de lo que á los sentidos se muestran. Si de un foco ígneo surgen luz y calor que hasta nosotros llegan con toda la plenitud de su influencia á pesar del espacio que hayan recorrido, parece que en el trayecto no han debido perder volumen ni intensidad; y puesto que el calor y la luz del Sol mueven nuestras sensaciones y tiñen de color los objetos, el tamaño y la forma de aquel astro serán, con escasa diferencia, tales como los vemos[63].

[63] Los errores de Epicuro y de Lucrecio acerca de esta materia sorprenden, porque están en contradicción con los principios que sostenían respecto á las apariencias fenomenales.