175. Præterea, cur Vere rosam, frumenta calore...

Después de todo, ¿por qué en primavera vemos la rosa, las espigas en tiempo de calor, en el húmedo otoño las vides, si no es porque en épocas fijas se congregan los elementos propios de cada especie y permiten á las jóvenes plantas exponer impunemente á la luz del día sus tiernos tallos, porque las condiciones del medio que les rodea son adecuadas para su vida? Es lo cierto que si de nada los seres se formasen, nacerían súbitamente en épocas inciertas y en todos sitios, porque la potencia productora funcionaría sin orden.

185. Nec porrò augendis rebus spatio foret usus...

Y por igual motivo, si éstos á la nada se debieran, no sería necesaria la acción del tiempo sobre las semillas; entre la infancia y la juventud no habría relación continua; de la tierra los árboles ya corpulentos brotarían. Pero es patente que no es ese el orden natural: todo crece paulatinamente de germen propio y con sujeción á las condiciones de su especie; de tal modo, que puedes comprobar cómo el desarrollo íntegro de cada ser es dependiente del crecimiento de la materia de que el mismo ser está constituido.

195. Huc accedit, uti sine certis imbribus anni...

Aún más sucede: la tierra no podría dar buenos productos si careciera del beneficio de lluvias periódicas, y los animales, privados de alimentos, no podrían propagar su especie ni sostener la vida. Puedes reconocer que son muchos los elementos simples, comunes á innumerables cuerpos, de modo igual que integran á muchas palabras unas mismas letras, antes que admitir la existencia de cosa alguna independiente de aquellas substancias primarias. ¿Por qué no ha producido la Naturaleza hombres que atravesasen á pié el Océano, como si éste fuera un vado, ó que pudieran deshacer con las manos las montañas, ó que mantuvieran la vida largos siglos, si no es porque todas las creaciones de la materia[11] han de tener entre sí regular adaptación? Preciso es, pues, declarar que nada se forma de la nada, y que todas las cosas que participan de la vida presuponen el desarrollo de un germen.

[11] Burnet dice que á los Hebreos, á los Griegos y á los Latinos jamás ocurrió una palabra equivalente á las actuales de crear y de aniquilar. San Jerónimo consideraba sinónimas las dicciones crear, formar y construir.

209. Postremo, quoniam incultis præstare videmus...

Vemos, por último, que los terrenos labrados producen más que los faltos de cultivo y que la mano del agricultor mejora los frutos: luego es evidente que las tierras se nutren de elementos primarios y aumentan su fecundidad cuando aquellos principios de vida se renuevan mediante la remoción del suelo por el corvo arado. Si tales elementos no existiesen, los productos naturales mejorarían espontáneamente, sin auxilio de trabajo nuestro.

216. Huc accedit, uti quidque in sua corpora rursum...