Ocurre que la Naturaleza en tiempos sucesivos descompone los cuerpos y los reduce á sus elementos simples; no aniquila, empero, á ningún ser. Pues si los elementos fuesen destructibles, las cosas perecerían repentinamente; una débil acción bastaría para separar sus partes y para anular el nexo que las uniera; por lo contrario, podemos comprobar que los elementos son eternos y que la muerte no es más que una descomposición de concreciones materiales por efecto de natural impulso, que al obrar sobre los cuerpos ensancha los poros de éstos y disgrega sus moléculas.

226. Præterea, quæcumque vetustate amovet ætas...

Demás de lo dicho, si el tiempo que todo lo transforma consumiese la materia, ¿de dónde la potencia generadora restablecería en la existencia las especies de animales? ¿De dónde la tierra derivaría alimentos para nutrir y perfeccionar los seres? ¿De dónde caudalosos ríos y manantiales ingenuos extraerían las aguas para pagar á los mares su tributo? ¿Cómo el éter sostendría la gravitación de los astros? Si los elementos se extinguieran, ya se habrían consumido, agotados por los siglos; pero si han superado al tiempo y desde la eternidad no cesan de actuar en transformaciones continuas, ciertamente su esencia es inmortal. Luego ningún ser puede extinguirse totalmente.

239. Denique res omnes eadem vis causaque volgo...

Las cosas, finalmente, serían destruidas por una misma fuerza natural si los elementos componentes de ellas no fuesen eternos ó estuviesen ligados con débil cohesión; para deshacerlas bastaría un contacto, que aunque leve, fuera suficiente para inutilizar la resistencia de moléculas desprovistas de perpetua fuerza de atracción. Como la materia no muere, subsiste en una forma hasta que circunstancias complejas debilitan la adaptación de cada objeto con el medio en que se mueve; cuando este caso llega, los cuerpos se descomponen y sus elementos vuelven dispersos al Todo universal de que procedían.

251. Postremo, pereunt imbres, ubi eos pater Æther...

También se confunden las lluvias en el seno materno de la tierra, adonde el próvido éter las precipita; por su influencia las brillantes mieses dan brotes, reverdecen los árboles, cuyas ramas, después de crecer, se inclinan encorvadas por el fruto que sirve de alimento á los hombres y de pasto á los animales; de esa fecundidad surge la juventud, y las ciudades se renuevan; las aves canoras, en las florecientes selvas, entonan sus cantos harmoniosos; los ganados se esponjan, y de sus hinchadas ubres mana sabrosa leche con la que se embriagan retozones corderillos en la pradera alegre. Lo que desaparece de nuestra vista no se extingue, sino se transforma: la vida surge de la muerte.

266. Nunc age, res quoniam docui non posse creari...

Si bien es cierto que los seres en actualidad nunca de la nada han brotado ni se aniquilan totalmente, debes también tener por cierto que aun cuando para los sentidos carezcan de apariencias muchos cuerpos elementales, la existencia de éstos se halla comprobada por la razón.

272. Principio, Venti vis verberat incita pontum...