16 Mas porque eres tibio, y no frio ni caliente, te vomitaré de mi boca.

17 Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo;

18 Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.

19 Yo reprendo y castigo á todos los que amo: sé pues celoso, y
arrepiéntete.

20 Hé aquí, que estoy á la puerta, y llamo: si alguno oyere mi voz, y
abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo.

21 Al que venciere yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo
he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

22 El que tiene oido, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias.

CAPITULO 4.

1 DESPUES de estas cosas miré, y hé aquí una puerta abierta en el cielo: y la primera voz que oí, [era] como de trompeta que hablaba conmigo, diciendo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de ser despues de estas.

2 Y luego yo fuí en Espíritu: y hé aquí un trono que estaba puesto en el cielo, y sobre el trono estaba uno sentado.