—¿Cómo se llama?
—El pensamiento.
—No le conozco.
El león se quedó pensativo. ¿Qué sería el hombre? Los borricos hablaban de él con desprecio, las serpientes con envidia, los zorros con burla, los monos le imitaban; pero el perro le defendía y el águila le respetaba, y su padre, el más poderoso león de los bosques, mostró temor al hablar del hombre.
¿Qué debería hacer? ¿Respetar la última voluntad del león moribundo ó buscar resuelto y domar valeroso al que pretendía ser rey de la creación?
Vaciló, pero el zorro le dijo:
—Eres el animal más fuerte que existe: eres nuestro soberano, ¿y vas á huir cobardemente ante el hombre, de quien me burlo yo así todos los días y todas las noches?...
—¿Y el consejo de mi padre? ¿Y su memoria que yo respeto? ¿Y su experiencia?
—Tu padre estaba chocho: los años apagaron su entendimiento y gastaron su fuerza.