Á la mañana siguiente despertó y se echó por el mundo....
De pronto sonó algo estrepitoso y terrible: algo á modo de rugido. Debía de ser el hombre que rugía.
Pero no: era un borrico que rebuznaba con rebuznos formidables.
El león, por impulso que no pudo contener, acometió al borrico, le derribó y le sujetó con sus poderosas garras.
—¿Eres el hombre?—le preguntó.
—No—contestó el pobre animal.—No soy el hombre, ¡aunque he oído decir que algunos se parecen á mí! Es un burro, es un borrico, se dice de muchos....
—¿Dónde encontraré al hombre?
—Sigue este valle, salva esa montaña y quizá lo encuentres al otro lado.
El león soltó al borrico y siguió su camino.
De pronto, algo se le enredó á una pierna; era una serpiente. Con violenta sacudida la arrojó á distancia; dió un salto y la sujetó con la pata.