—¿Eres el hombre?—le preguntó.

—No soy el hombre; soy la serpiente.

—¿Se parece á ti?

—Algunos á mí se parecen; como yo, se arrastran; y como yo, son venenosos.

—¿Dónde encontraré al hombre?

—Sigue por la montaña.... Pero déjame, que pesas mucho.

Y forcejeó la serpiente y quiso morderle.

—Eres un animal muy feo—dijo el león....

Y aplastó y desgarró al reptil.

Continuando su camino pasó la cresta de la montaña y empezó á bajar.