—Moscón, dile al diablo que se vaya, con los moros de Berbería, y que no aporte por acá.

—Moscón, dile al diablo que sepa para su gobierno que está en la iglesia San Miguel, que es quien con él se las sabe barajar.

—Moscón, dijo á su vez Mariquilla albóndiga, díle al diablo que mi mae Ana me ha puesto una cruz de retama macho al cuello para librarme de él y de la erisipela.

—Y á la palomita blanca, ¿qué recado le das para María, Mariquilla? preguntó Águeda.

Mariquilla se acercó andando de puntillas, y hablando muy quedo para no ahuyentarla, dijo:

—Palomita; que le des muchas memorias á María.

—¡Qué tontuna! eso no.

—¿Pues qué?

—Se dice: palomita, dile á la Señora de nuestra parte, como en las letanías se le dice: ora por obis!

Y como si la mariposa hubiese atendido al encargo y á esa súplica, y á aquella fe tan pura y sencilla, elevóse al impulso de sus blancas alas, y se perdió en el éter como un suave perfume, ó como un dulce sonido.