digerir no puede el hombre

la levadura de antaño”.

En la lejana antigüedad, en la Edad Media, en la época la más moderna, se afirma, se comprueba, se niega que haya un tiempo absoluto, que haya un espacio absoluto. Los métodos de investigación cambian, se llega a distintos resultados; sin embargo, creemos no equivocarnos comparando la evolución de nuestro problema de disputa con el movimiento sobre una espiral, pues en el fondo llegamos siembre al mismo punto, pero situado un poco más alto.

Una historia análoga recorren las otras nociones fundamentales de las ciencias físicas, lo que trataremos en otra oportunidad.

Un ejemplo ilustrará lo dicho. Es sabido que ya Leukippos y Demócritos han introducido el concepto átomo en las ciencias. Según ellos el universo consiste en pequeñas partículas indivisibles (átomos), que son de la misma cualidad y se distinguen únicamente por su forma, tamaño y posición, (diferencias geométricas). Hoy día la hipótesis atómica es el fundamento de las ciencias naturales, pero el átomo moderno de J. J. Thomson o de Bohr, aquel aparato complicado, en cuyo mecanismo penetramos cada día más, es muy distinto del átomo de Demócritos y tiene una existencia asegurada en una enorme cantidad de hechos experimentales.

Tenemos, pues, que considerar de suma importancia, ocupándonos de cuestiones tan primordiales como las de tiempo y espacio, el conocimiento y la crítica de las opiniones de otros sabios; debemos consultar la historia, aquella grande maestra de investigación, pues de esta manera podremos también apreciar mejor las grandes ventajas y el enorme progreso de las teorías modernas.

Pero esto implica ya tácitamente que bajo ninguna condición podemos dejar de lado a la filosofía, porque en lo que hemos heredado de los griegos no se puede separar las ciencias exactas de la filosofía y hasta en los tiempos modernos sería muy difícil trazar un límite entre los investigadores de ciencias exactas y filosóficas, cuando nos encontramos en los campos limítrofes de las nociones fundamentales.

CAPITULO I
TIEMPO Y ESPACIO EN LA CIENCIA GRIEGA Y ROMANA

7. Tiempo y espacio ocupan desde los primeros principios del pensamiento al espíritu humano, pues ya en las fábulas míticas encontramos estos conceptos. Y así leemos en el primer libro de Moisés, “y la tierra era desierta y vacía”.

Pherekydes de Syros, introduce al Zeus, tierra y tiempo, como elementos fundamentales para la evolución del universo.