12. Sean tres coches (A, B, C,) de la misma estructura y de la misma longitud, por ejemplo, 10 m. El primer coche A, sea dotado de un movimiento uniforme, rectilíneo, siendo su velocidad de 100 metros por minuto; el segundo B se encuentre en el estado de reposo; el tercero C tenga el mismo movimiento con la misma velocidad como A, pero dirigida en el sentido contrario. El tiempo que el punto inicial I de A emplea para llegar al punto final de B será, evidentemente, el doble de lo que necesita para alcanzar el punto final del coche C de la misma longitud. Preguntando ahora con qué velocidad se mueve A, tenemos que dar una contestación contradictoria, según sea que refiramos la velocidad al coche móvil C o al coche B (en reposo).
Se podría ahora agregar de nuestra parte que si un observador tomase la velocidad del coche A como fundamento para ajustar su reloj, encontraría también distintos tiempos.
Este resultado lo consideró Zeno como tan anormal y ridículo, que lo ha tomado como la mejor comprobación de la no existencia del tiempo, espacio y movimiento.
Vemos, pues, qué consecuencias fatales puede tener el verbalismo excesivo. Los Eleatas se han enredado en sus propias palabras, de suerte que han perdido el buen sentido para la realidad. Al frente de su pensamiento ponen la noción de la unidad absoluta, lo que, naturalmente, es incompatible con el concepto de la extensión, con los conceptos espacio y tiempo.
13.—Demócritos.—Una reacción muy saludable contra los eleatas encontramos en la filosofía de los atomistas. Demócritos de Abdera, el mayor naturalista de la antigüedad, introduce el espacio (vacío), pues lo precisa para el movimiento de los átomos. Según Demócrito el espacio (vacío), el no ser, tiene una verdadera existencia, una existencia tan real como los mismos átomos.
Y de este modo asistimos al interesante fenómeno de que los fundadores del materialismo elevan los invisibles átomos, el invisible espacio, a la categoría de un verdadero ser; mientras que los semiracionalistas eleatas niegan el espacio, pues ellos conciben, únicamente, lo que es corporal, es decir, conciben únicamente lo presente.
14. La filosofía ática.—De nuestro problema fundamental han tenido, naturalmente, que ocuparse los grandes filósofos áticos. Y, en efecto, en las obras de Platón y Aristóteles encontramos consideraciones importantísimas sobre el tiempo y especialmente sobre el espacio.
Platón, el primer filósofo que con la mayor precisión plantea el problema de cómo y si puede existir una ciencia, quiere fijar lo que queda conservado siempre en la corriente de los fenómenos, para llegar al conocimiento de la verdad absoluta. Por esta razón hace los mayores esfuerzos para fundar una ciencia general de la verdadera esencia de las cosas. Según Platón el mundo de nuestros sentidos, aquel mundo que sufre continuos cambios y transformaciones, no puede conducir jamás a la verdad. El camino a la realidad está en el pensamiento, en la razón pura. Pues siendo, según Platón, fuera de toda duda, que el razonamiento nos lleva a un conocimiento superior a la observación, resulta que forzosamente también los objetos de nuestro pensar tienen un mayor grado de realidad que los del mundo sensible. Por esta causa Platón crea el concepto “idea”, que forma el contenido objetivo del pensamiento. En las ideas está la realidad absoluta, en las ideas concebimos el verdadero ser, la esencia del universo, independiente de todas influencias externas[11]. Los objetos de la naturaleza forman un mundo de una verdad relativa; mientras que las ideas representan el mundo de verdad absoluta. Hay, entonces, según Platón, dos mundos distintos: la naturaleza y las ideas.
Las ideas ocupan en la filosofía platónica una posición tan privilegiada, que solamente el saber de ellas forma la ciencia (epístéme), la que es el privilegio de Dios y de un pequeño número de mortales; el saber de la naturaleza es solo una especie de opinión o persuasión (doksa), con mayor o menor probabilidad.
15. Ahora bien: según Platón se llega a la idea, como ya lo indica su nombre, por intermedio de una especie de mirar las cosas, de interesarse por intuición. Las ideas se forman por la mirada de los objetos que actúan sobre nuestros sentidos, pues observando las cosas corporales la razón pura reproduce la idea, cuando el alma recuerda la idea vista ya antes del nacimiento (a priori!)