Se podría, entonces, esperar que el gran filósofo idealista considerará al tiempo y espacio como ideas. Pero esto no sucede porque, según él, justamente lo que caracteriza el mundo de nuestras percepciones es su cambio en el espacio y con el tiempo. Por eso el tiempo y espacio no pueden tener sitio en el imperio de las ideas. La idea, el verdadero ser, (usía) se la imagina Platón en su intuición filosófico poética, reinando eternamente en un lugar superceleste, allá arriba en los campos de la verdad. La idea está fuera del espacio y tiempo y de otra parte: tiempo y espacio están fuera de las ideas. Y así leemos en el Timeo[12], según mi juicio la mayor obra de Platón: “Es preciso distinguir entre lo que es y existe siempre, sin haber nacido jamás, y lo que nace o pasa siempre, sin existir lo mismo. Lo que es y subsiste lo mismo, es comprendido por el puro pensamiento; lo que deviene siempre, objeto mudable de los sentidos, no puede ser conocido sino de una manera conjetural. Las ideas han existido siempre, no habiendo tenido principio. El mundo ha tenido principio, entonces, no ha existido siempre. Lo que ha comenzado a ser, es necesariamente, corporal, visible y tangible”.

16. Platón conocía perfectamente la capital importancia del espacio y tiempo para nuestro conocimiento, pero para explicar su esencia chocó con dificultades sin poder resolverlas. El se dió cuenta de que estas nociones son de una estructura especial y de que no pueden ser consideradas ni como ideas ni como objetos de la sensación. Para salir del dilema Platón asigna al espacio y tiempo una posición intermedia entre las ideas y las cosas de la experiencia.

Según Platón también el mundo empírico tiene su importancia—aunque no la misma que las ideas—para el saber humano, pues él es una copia del eterno modelo de ideas. Los seres de la naturaleza son copias de los seres eternos, formados a su semejanza; además, justamente estas copias dan el motivo para la creación de ideas. Por otra parte, las cosas de la naturaleza las observamos siempre en el espacio y en el tiempo, siendo de esta manera estos últimos mediadores entre el mundo de ideas y él de nuestra percepción.

17. Refiriéndome a las propiedades del espacio, debo decir que, según Platón, el espacio no tiene ninguna forma, es la pura negación del ser, pero es capaz de tomar todas las figuras posibles, gracias a las determinaciones geométricas. (Por eso Platón considera la geometría como un saber indispensable para los filósofos; en la entrada de la Academia platónica estaban fijadas las palabras: “Sin geometría no hay entrada”). El espacio infinito e informe (ápeiron) y la forma geométrica (péras) suministran juntos los objetos de nuestros sentidos. Al espacio solo no podemos concebirlo ni con el pensamiento ni con los sentidos, ni es un concepto ni un objeto de percepción, ni idea. El es el “noser, sin el cual no podemos ver las ideas copiadas y representadas en los objetos sensibles. “El espacio no muda jamás su naturaleza, recibe continuamente todas las cosas en su seno, sin tomar absolutamente ninguna de sus formas particulares. Es el fondo de todo lo que existe”.

Al espacio Platón le atribuye tanto valor que lo cuenta entre los principios fundamentales para la formación del universo. En el Timeo leemos las palabras: “He aquí el resultado de mis reflexiones, y en resumen mi opinión: el ser, el lugar y la generación, son los tres principios fundamentales”.

Tiene para nosotros un interés especial el hecho de que a pesar de todo Platón introduce en el Timeo la existencia de un espacio eterno, una especie de semiidea que parece ser, quizás el modelo de nuestro espacio común, en que observamos los fenómenos.[13]

Para darnos todavía mejor cuenta de la opinión platónica sobre el espacio, conviene citar todavía las siguientes palabras de Platón: “Es preciso reconocer una tercera especie, la del lugar eterno, que no puede ser destruído, que sirve de teatro para todo lo que nace, no está sometido a los sentidos, es solo perceptible a una especie de razonamiento bastardo, que vislumbramos como un sueño al decir que es de absoluta necesidad que todo lo que existe esté en algún lugar y ocupe algún espacio”. Gracias a una especie de pseudo razonamiento nosotros creemos, entonces, que el espacio es algo real, que todo lo que existe debe estar en el espacio. Pero de hecho el espacio nuestro no tiene una existencia real, y nosotros nos encontramos como en un sueño.

18. Opiniones muy originales tiene Platón sobre el tiempo. El tiempo, como lo observamos nosotros, es según él una copia de la eternidad. Mientras que el tiempo del mundo sensible corre continuamente adelante en forma de días, meses y años, su modelo (la eternidad) descansa siempre en sí. No puedo ilustrar mejor la opinión platónica del tiempo, que citando las siguientes bellas palabras del Timeo:

“Cuando el padre y autor del mundo vió moverse y animarse esta imagen de los dioses eternos (es decir, de las ideas), que él había producido, se gozó en su obra, y lleno de satisfacción, quiso hacerla más semejante aún a su modelo. Y como este modelo era un ser eterno, se esforzó para dar al universo, en cuanto fuera posible, este mismo género de perfección. Pero esta naturaleza eterna del ser inteligible no había medio de adaptarla a lo que es engendrado. Así es que Dios resolvió crear una imagen móvil de la eternidad, y por la disposición que puso en todas las partes del universo, hizo a semejanza de la eternidad, que descansa en la unidad, esta imagen eterna, pero divisible, que llamamos el tiempo. Los días y las noches, los meses y los años, no existían antes, y Dios los hizo aparecer, introduciendo el orden en el cielo. Estas son partes del tiempo, y como el tiempo huye, el futuro y el pasado son formas que en nuestra ignorancia aplicamos muy indebidamente al Ser eterno. Nosotros decimos de él: ha sido, es, será; cuando sólo puede decirse, en verdad: él es. Las expresiones ha sido, será, solo convienen a la generación, que pasa y se sucede en el tiempo. Tales expresiones representan movimientos, y el Ser eterno inmutable, inmóvil, no puede ser más viejo ni más joven; no existe, ni ha existido, ni existirá en el tiempo. En una palabra, no está sujeto a ninguno de los accidentes que la generación pone en las cosas que se mueven y están sometidas a los sentidos; éstas son formas del tiempo que imita la eternidad, realizando sus revoluciones, medidas por el número. “El tiempo fué, pues, producido con el cielo, a fin de que, nacidos juntos, perezcan juntos, si es que deben algún día perecer; y fué hecho, según el modelo de la naturaleza eterna, para que se pareciese a ésta todo lo posible. Porque el modelo está siendo de toda eternidad, y el tiempo es, desde el principio hasta el fin, habiendo sido, siendo y debiendo ser. Con este designio y con este pensamiento, Dios, para producir el tiempo, hizo nacer el Sol, la Luna y los otros cinco astros, que llamamos planetas y que están destinados a marcar y mantener la medida del tiempo.”

Existe, entonces, según Platón, una especie de reloj mundial y eterno, cuya imagen es el tiempo nuestro, observado y medido por movimiento de planetas.