22. En la teleología platónica el espacio y tiempo ocupan un lugar muy singular. Dios ha creado un mundo absolutamente perfecto, es decir, el mundo de las ideas, el mundo de las verdades absolutas; pero el género humano observa en la naturaleza únicamente imágenes, copias muy pálidas de aquel mundo divino, porque justamente el espacio y tiempo tienen la culpa de que nosotros veamos todo de una manera imperfecta y percibimos sólo verdades aparentes. Nuestro horizonte es limitado, pues estamos obligados a mirar las cosas en vez de “sub especie eternitatis” en un espacio y tiempo limitado. Espacio y tiempo, pues, no sólo son los mediadores entre el mundo sensual e ideal, sino, además, no nos permiten ver el universo (las ideas) en su verdad desnuda.
23. Como nos convenceremos más tarde, las investigaciones de Platón forman el punto de partida para toda la concepción idealista (relativa) del espacio.[14] No cabe duda de que Platón sintió, en su intuición filosófico-poética, que el espacio es la condición indispensable para poder percibir y comprender los fenómenos de la naturaleza, lo que él expresa diciendo: la condición “para la presentación de las ideas en el mundo de sensibilidad”. Aplicando la terminología de Kant será, quizás, permitido afirmar que para Platón el espacio era casi la condición “de una posible experiencia”.
Pero, a pesar de todo, Platón no llegó a considerar el espacio y menos todavía el tiempo como formas de nuestra intuición; pues en el fondo no ha tenido nociones completamente claras sobre el asunto. Él mismo lo confiesa con la franqueza propia de los grandes pensadores, cuando dice: “El espacio es una especie de ser, que participa de lo inteligible de una manera obscura e inexplicable”.
No vacilamos en afirmar que Platón estaba ya muy cerca de considerar el espacio como una forma de nuestra intuición, es decir, que tenía la solución casi en la mano, pero se le escapó. Han debido pasar siglos, han tenido que aparecer los sistemas de Berkeley y Hume antes de conseguir este sencillo resultado: tiempo y espacio son formas de intuición.
El gran genio griego en su intuición concibió el problema, pero la solución clara y precisa la dió Kant en su criticismo.
También en las ciencias modernas encontraremos algo análogo. Un pensador meridional—me refiero a Poincaré—ha echado las bases para la reforma del concepto tiempo, sometiendo la noción “simultaneidad” a una crítica muy interesante; mas la solución exacta, el nuevo concepto tiempo, lo dió un físico del Norte de Europa.
Aristóteles.—24. Aristóteles, el más eminente discípulo de Platón, no sigue el camino del maestro; pues funda más bien un sistema propio que está, en cierto sentido, opuesto a la doctrina idealista.
Aristóteles era más universal que Platón y le superó, especialmente, en sus conocimientos de las ciencias naturales. Un cerebro sumamente vasto, era el verdadero polisabio, la encarnación del saber de su época, de suerte que con razón se le indica hasta hoy día con el epíteto “el filósofo”, por antonomasia. Como buen observador, atribuyó mucha importancia a las ciencias naturales; en sus investigaciones trató en lo posible de definir todo, es decir, fijar en cada fenómeno aislado lo esencial “usía” y al mismo tiempo expresar su relación con el concepto general.
25. Platón proclamó como la única realidad los objetos de los conceptos generales (ideas), que tienen existencia completamente independiente de las cosas sensuales; los objetos aislados eran, según Platón, solo imágenes de lo verdadero.
Aristóteles rechaza este pensamiento, pues, según él, el error principal del sistema platónico consiste justamente en aquella separación completa de las ideas y de los objetos.