De manera, pues, que en definitiva, el fundamento de la sustitución o exclusión de los términos en los razonamientos es la evidencia de su identidad o de su contradicción. Ahora bien; la identidad o la contradicción, constatada en la evidencia, no es susceptible de verificación. La evidencia es el criterio último y único de la verdad. No es rectificable. Si la evidencia se equivoca, no hay manera de reparar la equivocación. Solamente la experiencia contradictoria o mayores conocimientos pueden modificar nuestras primitivas evidencias. Mientras esto no sucede, la conciencia sigue tranquila y exenta de curiosidad, por la imposibilidad en que se encuentra de sospechar su error. Pero, si llega a suceder, al comprobar la falsedad de muchas sustituciones que parecieron evidentes, puede reconstruir el proceso del error y determinar sus causas, y en consecuencia precaverse de ellas. De la experiencia del error nació así la lógica.
El propósito de explicar las falsas sustituciones de términos en los razonamientos, justifica pragmáticamente los estudios lógicos, y les da sentido en la teoría de la ciencia.
Ahora bien; en sus reflexiones acerca de las causas del error en los razonamientos, el espíritu humano ha encontrado que la falsa sustitución de los términos puede provenir o bien de deficiencias de lenguaje, o de mala interpretación de la experiencia en las generalizaciones, o de deficiencias en las observaciones, y también de prejuicios individuales o colectivos. Ejemplos de lo primero son todos los casos en que se violan las reglas de la lógica formal. Si de la consideración de que el rey de Sajonia era Francisco Augusto III y de que los ingleses son sajones deduzco que Federico Augusto III era rey de Inglaterra, el error tiene por causa una inadvertencia de lenguaje, por dar a la palabra sajón, cuando hablo de Federico Augusto como rey de los sajones, una extensión que no tiene cuando califico a los ingleses como sajones. La lógica formal nos previene contra esa causa de error indicándonos que en los silogismos el término medio se debe tomar por lo menos una vez en toda su extensión. Ahora bien; en los ejemplos propuestos, la palabra sajón en ninguno de los dos casos se refiere a todos los sajones.
Ejemplos de falsa sustitución por deficiencia en la interpretación de la experiencia, son todos aquellos casos en que se violan las reglas de la lógica inductiva. Si he comprobado que el vapor de agua en Buenos Aires disuelve una sustancia, que se podría encontrar en abundancia en una montaña de 3.000 metros, y resuelvo establecer una industria para su explotación; si esa sustancia para disolverse necesita vapor de agua a la temperatura que tiene en Buenos Aires, mi determinación se fundará en un falso razonamiento, por falsa generalización respecto a la temperatura a que el agua hierve. La temperatura del vapor de agua no llegaría a disolver la sustancia, porque a esa altura el agua hierve antes de alcanzar la temperatura requerida.
Ejemplos de deficiencias en la observación o de prejuicios individuales o colectivos, serían todos aquellos que nos hacen ver en las cosas caracteres que no tienen y las falsas nociones que nos hacen establecer entre esas cosas y otras, relaciones de identidad que no existen. El que se asusta de los gestos que hace el que se despereza ha observado mal el acto. Los exorcismos con que en la edad media se pretendía curar a los endemoniados no eran sino consecuencias de los prejuicios de la época. Estas causas de error son inevitables. Bacon indica las precauciones que conviene tomar para evitar las malas observaciones. Estas indicaciones son de carácter puramente psicológico; pero es interesante conocerlas, y hemos de ocuparnos de ellas al hablar de los principios de la investigación. Por lo que se refiere a los prejuicios individuales y colectivos, representan el estado de la ciencia individual y colectiva. Contra ellos nada se puede. Sólo más ciencia puede evitarlos.
En el último artículo que he publicado en esta revista he indicado como procede la lógica formal para evitar los malos razonamientos que tienen su origen en la indebida extensión de los términos en el lenguaje. Y he indicado también cómo ese problema desaparece, y en consecuencia la necesidad de la lógica formal, si se da a los términos valor pragmático. Procediendo en términos definidos pragmáticamente, el peligro de razonar mal por deficiencia de lenguaje desaparece.
Con esto queda claramente delimitada la función de la lógica inductiva en la solución de los problemas que plantea la crítica del conocimiento. Su función es verificar el valor de las generalizaciones. Un razonamiento puede ser justo desde el punto de vista formal; puede no tener defectos de observación; los prejuicios podrían no tener importancia para la conclusión, y sin embargo ser ésta falsa en razón de una mala generalización. Y para esclarecer estas afirmaciones, voy a recurrir a un ejemplo que he empleado a menudo: la inferencia que se saca de la muerte de una cobaya respecto al efecto que produciría en el hombre la inyección de la sustancia que le produjo la muerte. La inferencia se funda en la identidad de constitución que se establece entre el hombre y el cochinillo de la India, que afirmamos en razón de la identidad de los caracteres de su constitución. La determinación de la identidad de los caracteres podría ser justa, y con todo la inferencia podría ser ilegítima en razón de la falsa generalización. Puede ser cierto que el conejillo murió a consecuencia de la inyección de la sustancia venenosa. Puede ser también que sea legítima la identidad de constitución que se ha observado entre el hombre y el conejo. Pero, la generalización podría ser ilegítima si, por ejemplo, el conejo no murió en razón de los caracteres de su organización, en lo que son idénticos con los del hombre, y que de haber sido por esa causa legitimarían la generalización. Si por el contrario la inyección hubiese muerto al conejo porque momentos antes había comido una yerba determinada, el hecho no solamente no prueba que los hombres morirían con igual inyección, sino que tampoco probaría que los demás conejos hubiesen de morir a consecuencia de ella. La única generalización que se podría hacer sería que los conejos que han comido tal sustancia morirán si se les inyecta el veneno en cuestión. Pero, ¿en qué consiste la falsa generalización? ¿Cuáles son las condiciones que tiene que reunir una generalización justa?
Y esa pregunta nos acerca a la delimitación de la función propia de la lógica inductiva. Y digo nos acerca, porque la lógica inductiva no tiene por función determinar las condiciones de toda generalización, sino de aquellas generalizaciones que se fundan en la inducción.
Efectivamente, hay dos clases de generalizaciones: las que se fundan en la simple enumeración de los caracteres constatados en los casos particulares, como cuando se ve que cada una de las fichas que se encuentran encerradas en una caja son de color rojo, y generalizando se afirma que las fichas de esa caja son rojas. La otra clase de generalización es la que se funda sólo en la observación de uno o más casos particulares, como cuando afirmo que los hombres mueren si un balazo les atraviesa el corazón, fundado en que Juan murió por esa causa.
Las generalizaciones que no son más que la expresión de una totalidad, se fundan en la enumeración de todos los casos. Esta clase de generalización, salvo deficiencias en la observación, no puede tener más causas de error que la enumeración incompleta. Si he observado bien y he contado todos los casos, la generalización no puede ser falsa[21].