PARTE TERCERA
EN EL ARCA DE NOÉ
I
Yo te hice lo que eres y tú me envías al desierto
Se detuvo en Perpiñán, como si le faltasen fuerzas para ir más allá de la frontera, abandonando el país donde vivía Rosaura.
Una parte de la noche la pasó en el hotel escribiendo una carta de varios pliegos. La había empezado con el firme propósito de romperla después de escrita. Era una necesidad literaria de colocar sobre el papel todo lo que había venido pensando desde Marsella, para leérselo luego á sí mismo. Mas una vez terminada la carta, se acostó, dejándola sobre la mesa. La rompería al día siguiente.
Al despertar volvió á leerla, la metió en un sobre y acabó echándola al correo, dirigida á Madame Pineda, en su casa de la Costa Azul.
Tuvo Borja el presentimiento de que en los días sucesivos no iba á hacer otra cosa, marcando las etapas de su viaje con una sucesión de cartas abultadas ó simples tarjetas postales, según la importancia de los sitios donde le dejase el tren.
Se había apresurado á huir de Marsella, juzgándola inhabitable á causa de sus propios recuerdos. ¿Adónde ir en esta ciudad sin tropezarse con ella?... Habían vivido bajo el mismo techo, en todos los restoranes frecuentados por él existía una mesa sobre cuyo borde había visto las manos, el busto adorable y la cabeza de Rosaura. Era preferible trasladarse á otros países donde ella no hubiese estado nunca.
En vano se alejó; la hermosa criolla iba con él, y hasta sus evocaciones históricas servían para resucitarla. Por obra de un capricho imaginativo que unas veces le irritaba y otras le hacía sonreir, era imposible que pensase en don Pedro de Luna, en Aviñón ó en el Gran Cisma, sin que la argentina surgiese al mismo tiempo en sus recuerdos. El último Papa aviñonés y la señora de Pineda marchaban juntos por las avenidas de su memoria.
Permaneció dos días en Perpiñán, resucitando el pasado en torno al «Castillet», graciosa fortaleza de ladrillos rosados, de la catedral llena de recuerdos españoles, del antiguo castillo que ocupa la cumbre de una colina junto á la ciudad.
Se había desarrollado en ésta el episodio más culminante de la historia del cisma.