Segismundo acordaba con el rey de Aragón y los representantes de los otros monarcas españoles una entrevista para tratar la manera de someter al papa Luna. El emperador, orgulloso de haber conseguido la renuncia de los otros dos Pontífices, imaginaba empresa fácil hacer lo mismo con el tercero.
Una vez quemado Juan Huss, crédulo mártir que había tenido fe en el salvoconducto imperial, Segismundo se consideró libre para ir en busca del rey de Aragón. La entrevista debía celebrarse en Niza, pero una grave enfermedad de don Fernando impidió tan largo viaje, y decidieron que fuese en Perpiñán, dentro del territorio de Aragón.
Despidió el concilio de Constanza con grandes honores á su defensor laico. El cardenal presidente le bendijo y publicó decretos amenazando con excomunión al que impidiese ó contrariase su viaje. Además, durante su ausencia se celebraría todos los domingos, en la ciudad de Constanza, una solemne procesión para atraer sobre su persona las bendiciones del cielo.
Todos los miembros del concilio se daban cuenta de que lo más difícil iba á ser la sumisión del Papa español; pero la consideraban necesaria, y algunos de ellos, jugando con el apellido del tenaz Pontífice, decían en sus sermones, según el gusto oratorio de la época, que la Iglesia sólo podría recobrar su integridad con «un eclipse total de luna».
El antiguo Papa de Aviñón dirigía los pueblos de su obediencia desde Barcelona y Zaragoza. Otras veces viajaba por los territorios del reino aragonés, siendo recibido en las poblaciones con gran pompa. Su energía indomable se ejercitaba en toda suerte de actividades. Contestaba á las críticas de sus enemigos, excomulgaba á los que habían huido de él, y aún tenía tiempo para intervenir en los antagonismos religiosos dentro de los reinos españoles, donde se habían quedado moros y judíos, mezclados con los cristianos victoriosos, en campos y ciudades.
Publicaba una Bula absolviendo de su apostasía á fray Anselmo Turmeda, monje catalán, estudioso y de carácter movedizo, que se había hecho mahometano en Túnez, escribiendo un libro sobre la superioridad de esta religión comparada con el cristianismo. Sintiendo la nostalgia de su patria, se ofrecía años después al rey de Aragón para preparar en Túnez una conquista de los cristianos, y el Papa, queriendo dar ayuda á tal empresa, absolvía al famoso renegado en su dudosa conversión. Finalmente, Turmeda—uno de los personajes más novelescos de aquella época—se sentía de nuevo atraído por el mahometismo. Necesitaba volver á su hogar, á sus mujeres é hijos, y murió en Túnez como un buen musulmán, respetado por su sabiduría. Borja había visto su tumba en una calle del mercado de dicha ciudad, al final del zoco de los talabarteros.
Interesaban igualmente los judíos de España al Pontífice batallador, intentando atraerlos al cristianismo por medio de pacíficas discusiones. Un rabino convertido por el maestro Vicente Ferrer, llamado Josué Mallorquí, se avistó con el Papa en Alcañiz, prometiéndole convencer á todos sus correligionarios, no por medio de la Biblia, sino valiéndose del Talmud. El Pontífice y Maestro Vicente designaron la ciudad de Tortosa como lugar de la discusión, y en Febrero de 1414 se iniciaban las conferencias, presididas al principio por el mismo Papa y luego por el General de los dominicos.
Sesenta y nueve sesiones se celebraron hasta el mes de Noviembre. En todas las ciudades importantes de Aragón y Castilla fueron colocados grandes pergaminos con letras rojas y doradas, invitando á los rabinos y los doctores católicos á esta disputa religiosa. Nunca se había visto hasta entonces un acto de tal naturaleza, especie de «anticipación» de los congresos modernos.
Los más célebres talmudistas de España y gran número de teólogos acudieron á la controversia. Al leer Borja ciertos relatos de la época, había adivinado entre líneas que los oradores cristianos no llevaron la mejor parte en la discusión. Pero de todos modos hubo rabinos que sintieron miedo al pensar en lo que les podría ocurrir fuera de dicho congreso, y antes de que terminasen sus sesiones, catorce de ellos abjuraron de sus creencias. Los más elocuentes y ardorosos, Rabbi-Ferrer y Rabbi-Albo, se mantuvieron fieles á su religión, á pesar de los razonamientos de Maestro Vicente.
Se marchó de Tortosa mucho antes el papa Luna, para encontrarse con el rey de Aragón. Éste, bajo la influencia de Segismundo y del concilio de Constanza, le había escrito encareciéndole la oportunidad de que renunciase á su tiara, como lo habían hecho sus dos adversarios. La entrevista fué en Morella. Maestro Vicente acudió también á dicha ciudad, capital del antiguo Maestrazgo de los templarios, y predicó, según el gusto de la época, explicando las fases de la luna como símbolo de la vida de Benedicto XIII.