No dudaba el futuro santo de la legitimidad de éste. Había escrito y predicado sobre la incorrecta elección de Urbano V en Roma, origen del cisma. Pero aunque estaba convencido de que su Pontífice era el verdadero, quería que renunciase, sacrificando su derecho en bien de la unidad de la Iglesia.
Tributó el rey don Fernando al anciano Papa los mayores honores durante sus entrevistas en Morella. Él, un hijo suyo y los principales magnates de su corte le sirvieron mientras comía, como si fuesen sus domésticos. El rey sostuvo su halda lo mismo que un paje, y al ver que Benedicto usaba vajilla de estaño, como penitencia por los males que el cisma hacía sufrir á la Iglesia, le regaló la suya, toda de oro.
El Pontífice de vida sobria y su corte errante de cardenales y prelados aceptaron durante varios días los banquetes del rey. Según la moda de entonces, empezaban éstos con una gran abundancia de frutas, y constaban de numerosos platos de aves y venados, siendo los vinos de Castilla. Después, cuando se quitaban las mesas de los estrados, llamados «andamios», los cuales tenían diversas alturas, según la categoría de las personas que los ocupaban, eran servidos los postres de dulce, llamados conservas, y vinos aliñados con especias.
Todos los obsequios reales, en estas conferencias de Morella, no influyeron sobre la voluntad del octogenario. Declaró que era demasiado viejo para ir á Constanza, como pretendían sus enemigos y le aconsejaba don Fernando. Que vinieran los doctores de Constanza á buscarle en España, país de su obediencia, siendo como era en aquellos momentos el único Papa existente. En cuanto á aceptar la vía de cesión, como lo habían hecho sus dos rivales, contestó que hablaría de ello en presencia de sus enemigos... Y el rey y el Papa se dijeron adiós, para no volver á verse hasta Perpiñán.
Esta entrevista en la ciudad vecina á los Pirineos, donde estaba ahora Borja, tomó el aspecto de un suceso universal. El concilio de Constanza se vió olvidado por algún tiempo. La cristiandad dejó de ocuparse de él para fijar en Perpiñán toda su atención.
Fueron presentándose, con diversos aspectos, los personajes que iban á solucionar este conflicto, cuya duración se prolongaba treinta y ocho años. Llegó primero Maestro Vicente con las turbas silenciosas de flagelantes que le seguían en sus viajes. Luego se presentó el Papa del mar con sus dos galeras, último vestigio de la gran flota que le había seguido años antes hasta las costas de Italia.
También llegó embarcado don Fernando, el rey de Aragón. Su falta de salud le hacía preferir los viajes por agua. A las conferencias de Morella había ido desde Zaragoza, por el Ebro y otros ríos afluentes, en una barca de fondo plano adornada con paveses, y una tienda en la popa, que le servía de casa. En los viajes terrestres usaba una litera, sufriendo con resignación sus movimientos. El antiguo guerrero se sentía débil y deseaba que le librasen de intervenir en los asuntos públicos. Su hijo, el futuro Alfonso V, conquistador de Nápoles, se ocupaba ya del gobierno de sus Estados.
Lo dejó la flota aragonesa en el puerto de Colliure, y de allí lo llevaron en andas á Perpiñán. Sufría de cálculos en los riñones, y meses antes, hallándose en Valencia, había quedado inánime á causa de un ataque biliar, hasta el punto de que su hijo lo creyó muerto, colocándole un cirio en las manos para exponerlo ante su corte, vestida ya de luto. El monarca, casi resucitado y próximo á una muerte verdadera, miraba con horror la continuación del cisma, y parecía dispuesto á aceptar todo lo que pudiera terminarlo, aunque fuese á costa de abdicaciones injustas y dolorosos sacrificios.
Finalmente se presentó Segismundo con un séquito de príncipes, hombres de armas, diez y seis prelados y más de cien doctores. La escolta imperial constaba de cuatro mil jinetes.
La de Benedicto XIII sólo se componía de trescientos hombres de armas, mandados por su sobrino Rodrigo, además de muchos caballeros sanjuanistas que le eran constantemente afectos. Miles de señores catalanes, valencianos y aragoneses, fieles también á Luna en todo momento, acudieron para presenciar esta entrevista de carácter universal.