Abandonó el notario de Florencia al Dante y sus otros compañeros de proscripción para trasladarse á la ciudad de los Papas, donde eran muchos los desterrados italianos. La escasez de casas en Aviñón y la carestía de la vida le obligaron á instalarse en Carpentras, y aquí fué donde su hijo empezó sus estudios, teniendo por compañeros á varios jóvenes que alcanzaron después altos cargos en la corte papal, sirviéndole de protectores. Su padre quiso hacer de él un hombre de leyes, pero Petrarca, entusiasmado por la literatura antigua, prefirió la gloria de ser un humanista, orgullo de sus maestros.
—Su primer amor lo concentró en la Roma antigua, ansiando verla otra vez señora del mundo. Por eso atacó á los Papas de Aviñón, no obstante recibir sus mercedes. Le parecía intolerable verlos á orillas del Ródano, mientras la antigua urbe iba cayendo en ruinas, despoblada por interminables guerras feudales.
El poeta, al ser hombre, vivió en Aviñón, figurando en la corte de los Pontífices. Como muchos intelectuales de su tiempo, había recibido las órdenes menores para gozar prebendas eclesiásticas, sin los deberes del sacerdocio. Vivió siempre con la libertad de un laico, cobrando al mismo tiempo las rentas de las canonjías y beneficios con que le favorecieron los Papas. Gracias á tal auxilio pudo llevar una vida no ostentosa, pero sí abundante y cómoda. Su jardín de Vaucluse y su gran biblioteca fueron los dos lujos de su existencia.
Empeñado en hacer revivir la literatura latina, copiaba él mismo ó costeaba copias de los autores más célebres del pasado, llegando á reunir centenares de volúmenes, lo que resultaba inaudito en aquella época. Su amistad con el joven cardenal Orsini, antiguo camarada en la escuela de Carpentras, le permitió vivir entre los lujos y suntuosidades de los príncipes de la Iglesia.
—Fué también—siguió diciendo Borja—admirable viajero, no obstante los enormes riesgos que era preciso arrostrar en aquella época, aun en los caminos más frecuentados, pues las tropas mercenarias se dedicaban al bandidaje durante las treguas de la guerra. Dos camaradas de Petrarca murieron asesinados por bandoleros al ir de Aviñón á Roma. Papas y reyes tenían que esperar circunstancias favorables para trasladarse de un lugar á otro, y se rodeaban de tantas precauciones al emprender un viaje como si partiesen á una expedición militar.
Petrarca, que no era rico, viajó más que ningún hombre de su tiempo. Necesitaba de pronto huir de Aviñón y también de Laura, cuyo recuerdo le seguía á todas partes. Así corrió Italia, Francia y los Países Bajos. En otra ocasión visitó embarcado la costa mediterránea de España, pasó por Gibraltar y no paró hasta Inglaterra.
—Para hacer el elogio de la familia de Orange, que le interesaba mucho por lo que diré luego, como orange significa «naranja», la compara en uno de sus escritos con las hermosas naranjas de Murcia.
El enamorado poeta pensaba como Homero que sólo se disipa la propia ignorancia á fuerza de remover el cuerpo y el espíritu, yendo de un lado á otro. Fué el Viernes Santo de 1327 cuando ocurrió el suceso más importante de su existencia, al entrar él en la iglesia de Santa Clara de Aviñón. Allí encontró á Laura de Noves, joven noble, de púdica hermosura, rubia, con ojos claros. Ella y el poeta cruzaron sus miradas, y esto sirvió para unirlos todo el resto de su existencia.
—Esta Laura de Noves era la esposa de un rico señor de Aviñón, Hugo de Sade, ascendiente del célebre marqués de Sade, el novelista monstruoso. La heroína del amor más ideal y desinteresado que se conoce aparece, por un capricho de la vida, emparentada con el más demente de los libertinos... Usted sabrá que Laura tuvo nueve hijos de su marido y fué indiscutiblemente una esposa fiel.
Rosaura, que le escuchaba con atención, hizo un gesto de incredulidad.