Se dejó conducir por esta mujer que le parecía de esencia superior. Así debieron guiar las antiguas diosas á los pobres mortales cuando se dignaban descender hasta sus brazos.
Otra vez resurgió en él aquella audacia que era motivo de remordimiento y vergüenza para una segunda mitad de su vida interior. Como si experimentase un desvanecimiento, bajó la cabeza, besando tímidamente la blanca carne del cuello femenino que dejaba visible el escote.
—¡No, eso no!—dijo Rosaura, librando su cintura del brazo varonil—. Se acabó el baile. Es usted un niño incorregible, con el que no se puede vivir tranquila.
Luego, como si se arrepintiese de la voz irritada con que había dicho tales palabras, añadió sonriendo:
—Tendré que escribirle á la hija del señor Bustamante, para que sepa cómo es en realidad su futuro esposo.
Este recuerdo hizo más daño á Claudio que todas las protestas de la dama. Perdió en un momento la dulce turbación de su embriaguez; lo vió todo de un color lívido. El paisaje quedó velado por densa bruma.
Ella acabó por sentir lástima ante su desaliento.
—No sea inocente. Reconocerá usted que una mujer como yo, completamente libre y que lleva una existencia algo... movida, no va á estar esperando á que usted llegue, como dice usted que me ha estado esperando á mí. Créame: nadie espera á nadie; es el azar el que lo arregla todo. Para que me deje en paz y continuemos siendo amigos, le diré que en mi vida de viuda existe un hombre... un hombre que muchos conocen. Tal vez usted lo conoce también, y el deseo de sustituirle es lo que le impulsa á tales audacias, que ofenderían á otras mujeres menos conocedoras de la vida que yo.
La última suposición de Rosaura ofendió á Borja, al mismo tiempo que le sorprendía dolorosamente. Él ignoraba la existencia de tal hombre; él no quería sustituir á nadie; él la amaba, sin preocuparse de su historia.
—Está bien; no vuelva á hablarme de su amor... Me extraña que no conozca ese episodio de mi existencia cuando tanto se han preocupado de él, sin necesidad, mis amistades de París y de otras partes... Seamos como esos camaradas que se estiman mucho, viven lo mismo que hermanos y respetan mutuamente sus secretos.