Desde los primeros momentos del cisma fué uno de los propagandistas más vigorosos de la legitimidad del Papado aviñonés. Viajó por España, logrando que los reyes de Castilla, Navarra y Aragón, que al principio se habían mantenido neutrales en la gran disputa eclesiástica, reconociesen finalmente á Clemente VII.

Si éste había sido pariente de la dinastía reinante en Francia, una mujer de la familia del cardenal de Aragón, doña María de Luna, era reina, por estar casada con don Martín, monarca de Sicilia y heredero de las coronas de Aragón, Cataluña y Valencia.

Veintiún cardenales, casi todos ellos anteriores al nacimiento del cisma, nombrados por un Papa único é indiscutible, tomaron parte en dicha elección. Veinte designaron unánimemente á Pedro de Luna, que tenía entonces sesenta y seis años. Sólo hubo un voto en contra, indudablemente el del propio elegido, que no quiso votarse á sí mismo y se resistió hasta el último momento á aceptar el Pontificado.

El nuevo Papa tomó el nombre de Benedicto XIII. Era el primer español que iba á preocupar al mundo, desde los tiempos de la antigua Roma, aleccionada por el español Séneca y gobernada por el español Trajano.

Borja hizo una pausa en su relato y añadió:

—Ya estamos en presencia de nuestro hombre.

PARTE SEGUNDA
LA GUERRA DE LOS TRES PAPAS

I