—¡Antes la muerte!—contestaba el aragonés.
La asamblea del clero reunida en París decidió sustraerse á la obediencia de Benedicto XIII, y el 1 de Septiembre de 1398 un comisario real y un pregonero avanzaron por el puente de San Benezet, viniendo del territorio francés, ó sea de Villeneuve, para detenerse junto á la capilla del citado santo, que aún existe en uno de los arcos intactos. Allí era el límite de la ciudad aviñonesa, y el pregonero gritó la ordenanza de sustracción con la cara vuelta hacia el palacio de los Papas, para notificar á Benedicto XIII que Francia le abandonaba.
Al darle sus familiares tal noticia, la acogió con serena firmeza.
—San Pedro—dijo—nunca tuvo en su patrimonio á Francia, y esto no le impidió ser el más grande de los Papas.
Sus enemigos de París contaban con una defección, que iba á dejarle casi solo. El Sacro Colegio aviñonés se componía de diez y siete cardenales franceses, cuatro españoles y uno italiano. Los diez y siete pasaron el Ródano al día siguiente, abandonando al Papa, y fueron á instalarse en Villeneuve, llevándose hasta la bula que servía á los secretarios de Benedicto para sellar los documentos pontificios.
Tampoco esto amedrentó á Luna. «Resistiré hasta la muerte», siguió diciendo. Y su confesor y consejero, el Maestro Vicente Ferrer, predicador de genial elocuencia, muy amado por el pueblo aviñonés, pronunció un sermón en idéntico sentido.
—Guardad vuestros baluartes—decía el Papa á los vecinos de Aviñón—, que yo respondo de lo demás.
Pocos días después, uno de los caudillos inquietos y aventureros que tanto abundaban en aquella época, llamado Maingre, ó por otro nombre Boucicaut, pariente del famoso mariscal del mismo apellido, invadió al frente de sus bandas el territorio del Papa.
No osaba el rey de Francia atacar con sus tropas francamente á Benedicto temiendo indisponerse con los monarcas de Castilla, Aragón y Navarra. Éstos podían indignarse al ver á un compatriota suyo perseguido. Mas por mediación de los cardenales franceses en rebeldía, se valió de Maingre, caudillo ansioso de botín y nuevas tierras.
Era «Rector» ó jefe militar del Estado papal el abad de Issoire, hombre de iglesia que antes lo había sido de armas. Al frente de un pequeño destacamento de jinetes recorría los alrededores de Aviñón, cuando tropezó con las fuerzas invasoras de Boucicaut. Mataron éstas al abad de una lanzada, apresaron á los hombres de su escolta, y después de tal choque empezó la guerra.