La vela estaba caída sobre cubierta; la verga podía tocarse con las manos, y á pesar de la poca lona puesta al viento, la barca corría con vertiginosa rapidez, pasando el agua sobre la cubierta, mientras el mástil crujía lastimeramente.

Era llegado el momento de virar; el instante supremo: si les cogía de lado uno de aquellos còlls de mar rectos, que se desplomaban como murallas viejas, podían dar el adiós á la vida.

El patrón, puesto de pie valientemente, sin soltar el timón, examinaba todas las tumefacciones gigantescas que avanzaban veloces. Buscaba en la cordillera movible un espacio llano, un momento de calma que le permitiera virar sin riesgo de que la barca fuese pillada de costado.

¡Ahora! Y la Flor de Mayo giró rápidamente, cambió el rumbo entre dos montañas de agua, pero tan oportunamente que, apenas terminada la maniobra, un golpe de mar casi recto la entró por la popa, la puso vertical, con la proa hundida en la espuma hirviente, la elevó hasta su cima y la arrojó por la espalda, dejándola balanceante y trémula en un espacio relativamente tranquilo.

Los tripulantes, conmovidos aún por el zarandeo colosal, seguían absortos la marcha veloz y arrolladora de aquella muralla verdosa.

Viéronla inclinarse, formando como una bóveda sombría esmeralda sobre la otra barca, que huía desmantelada; se desplomó estallando como una mina, con hervor de espumas y nubes de agua que subían en columna. Cuando la ola deshecha y anonadada desapareció para dejar espacio libre á otras tan arrolladoras y ruidosas, los de la Flor de Mayo sólo vieron en los bullentes estremecimientos asomar un pedazo de palo y el lomo cóncavo de un tonel.

Requiescat in pace—murmuró el tío Batiste santiguándose y hundiendo su barba en el pecho.

Tonet y los otros dos mocetones que se burlaban del viejo estaban pálidos, sombríos, é instintivamente contestaron: Amén.

¡Pare! ¡pare!...—gritaba con terror Pascualet, mirando al patrón y señalando la proa de la barca.

Momentos antes de virar estaba allí el compañero de Pascualet, el otro gato de la barca. La ola monstruosa se lo había llevado sin que lo notaran los tripulantes.