El médico aristocrático era para él un bufón sin formalidad alguna, que envilecía a la ciencia con su conducta; pero, por lo mismo que apreciaba su escasez de inteligencia, le creía incapaz de mezclarse en ninguna intriga de importancia.

Además, ¿por qué no había de ser todo aquello verdad? Tratándose de un loco, resultaba lógico que confundiese la profesión de ciertas personas, siempre con ventaja para sus absurdos planes, y ya se mostraba él arrepentido de que su preocupación contra los jesuítas le llevase a ver maquiavélicas tramas donde sólo existían hechos naturales y sencillos.

El padre Claudio adivinaba cómo en el ánimo de su interlocutor iban disipándose las dudas, y para vencer definitivamente su desconfianza, se levantó del sofá, salió del salón y volvió a entrar a los pocos instantes, seguido del ayuda de cámara del conde.

—Además, señor Zarzoso—dijo el jesuíta—, tenemos este criado, que podrá decirle a usted algo de la visita de O’Conell, pues también le vió.

—¿Recuerdas—añadió dirigiéndose al ayuda de cámara—la tarde en que vine a visitar al señor conde, acompañado de un caballero, pequeño de estatura y con patillas rojas?

—Lo recuerdo perfectamente, reverendo padre—contestó el criado con entonación respetuosa—. Era un sabio extranjero, y recuerdo que vuestra reverencia le llamaba doctor y que hablaba con él, al atravesar la antecámara, de lo breve que era su estancia en Madrid.

—¿Recuerdas algo más?

—Me parece que vuestra reverencia me preguntó por la señora baronesa, y al saber que había salido, me encargó manifestara que el doctor... O’Conell (eso es, ya se me había olvidado, el nombre), que el doctor O’Conell había estado a saludarla.

—Está bien. Puedes retirarte.

El doctor Zarzoso no creyó prudente insistir más sobre tal punto. Estaba convencido de que aquel doctor era un ser real, un médico como él, que había estado allí a instancias de su amigo el jesuíta para cumplir un deber profesional, y que el conde, al empeñarse en creerlo un capitán inglés, que le auxiliaba en sus absurdos planes, demostraba estar realmente loco.