—¡Levantad al padre Corsi!—gritó el general.

Inmediatamente los mocetones que ocupaban la puerta se abalanzaron sobre el reo, lo pusieron en pie y siguieron sujetándolo, pues el desdichado no podía sostenerse.

—¿No hay misericordia para mí?—decía suspirando, y el tribunal seguía siempre mostrando su fría serenidad.

El padre Corsi, en un rapto de desesperación, cambio por completo de aspecto. La proximidad de la muerte le dió una repentina serenidad y no quiso seguir mostrándose débil.

Ya que iba a morir, quería al menos no proporcionar al general, a quien odiaba por causas particulares desde mucho tiempo antes, una satisfacción, cual era el espectáculo que él ofrecía llorando y gimiendo como una mujer.

—¡Soltadme, hermanos!—dijo a los que le sujetaban—. Puedo aún sostenerme y no se dirá de mí que no sé morir con dignidad. ¿Dónde está el calabozo donde seré enterrado vivo? Deseo entrar en él cuanto antes, para librarme de vuestra odiosa presencia, padre general.

Y aquel hombrecillo antes tan débil, enloquecido ahora por el terror, mostraba una serenidad heroica y erguía su cuerpo mirando con desprecio al tribunal.

—No tengáis prisa, padre Corsi—contestó el general, sonriendo por primera vez de un modo que daba miedo—: tiempo os quedará para aburriros de estar solo en vuestro calabozo. Nuestras leyes os conceden que antes de encerraros os pongáis a bien con Dios. Podéis confesaros vuestras culpas con el padre que os dignéis escoger de cuantos están aquí.

El reo prorrumpió en una carcajada estridente.

—¿Con vosotros?... ¿Confesarme con vosotros?... Muchas gracias, padre general. Conozco demasiado a todos cuantos están aquí, para ir a revelarles secretos que sólo a mí me importan. Además, estoy próximo a la muerte y ante la tumba el hombre no miente. Basta ya de farsa. Yo no creo en muchas cosas que vosotros, al salir de aquí, fingiréis tenerlas como ciertas. No me confieso. A nadie le importan mis secretos. Ya que muero quiero que ciertas cosas me acompañen a la tumba... Se acabaron los fingimientos y las comedias de fe.