Aquello dió al traste con la forzada paciencia que se imponía el capitán. Sintió necesidad de contestar al desdén con el insulto, y sonrió cínicamente.
—Nos veremos, hija... de Fernando VII.
El origen bastardo que enorgullecía a doña Fernanda lo recibió en esta ocasión en su verdadero valor como un insulto, e iracunda cual una furia avanzó algunos pasos, señalando la puerta con su rígido e imperioso brazo.
—¡A la calle!..., ¡descamisado!
¡Oh! Ella también había encontrado el insulto supremo.
Durante algunas horas paladeó con fruición su victoria, pero por la tarde estaba ya arrepentida de haber excitado la cólera del revolucionario.
V
La resolución de la baronesa.
La baronesa, cada vez más arrepentida de haber excitado con su altivez la cólera del comandante Alvarez, buscaba el medio de librarse de los peligros que sospechaba próximos.
El revolucionario se vengaría de ella; esto era indudable para la baronesa.