—¡Abuela! ¡abuela!—exclamó con tono suplicante.

Y para vencer su dura avaricia, la describió su situación. Nada le pedía para él. De verse solo, como en otros tiempos, no vendría a molestarla. Lo mismo que había vivido, haciendo frente a la desgracia, seguiría viviendo. Pero estaba la otra, la infeliz Feliciana, la mártir, que vivía tranquila con su padre el dañador, y a la que él había arrastrado fuera del hogar para que participase de su suerte. No podía abandonarla. Moribundo de hambre, se quitaría el pan de la boca para dárselo: su sangre le parecía poco para apagar su sed.

—Hay que ver, abuela, lo que esa mujer hace por mí. Carezco de trabajo, y ella pena noche y día por que tengamos un poco de pan. Si usted me quiere, quiérala mucho a ella también. Es mi mujer y mi madre todo a un tiempo; y antes que verla sin techo y sin sustento, me mataré, abuela, ¡me mataré!

Maltrana se exaltaba con sus propias palabras, y conmovido al recordar lo que debía a su compañera, inclinaba la cabeza, interrumpiendo su voz con el estertor del llanto.

La vieja, viendo llorar al nieto, lloraba también, restregándose los ojos con la punta del delantal.

—Tienes razón—gemía—. Hay que hacer algo por ella. Así deben ser los hombres. Bien se ve que la quieres.

Preguntó a su nieto cuánto necesitaba para salir de su situación. Si fuese poco, tal vez ella podría servirle... tal vez encontrase quien le prestara hasta cinco duros.

—Necesito mucho, abuela.., mucho. Nada tenemos; nos hace falta todo. No, no me sirven esos cinco duros; hartazgo hoy y hambre mañana. Lo que le pido es un esfuerzo; que me salve, que nos saque de este atascadero, hasta que yo pueda marchar solo.

Secáronse los ojos de la vieja e hizo una mueca dura, como si de repente se extinguiese su emoción. No podía salvar a su nieto; ella era una pobre. Y cruzó los brazos, mostrándose resuelta a escuchar sin conmoverse cuanto le dijera Isidro.

Este adivinó los pensamientos de la abuela. ¡Alma endurecida por la codicia! ¿Y su tesoro? ¿Iba a abandonarle fingiéndose pobre, cuando todos los de la busca hablaban de su riqueza?...