Y el maestro volvíase con nuevo cariño hacia sus compañeros nocturnos, aquella juventud alegre, maldiciente y falta de respeto. Á todos ellos les reconocía talento.

La fama de esta vida extraordinaria llegaba hasta su hija con la sonoridad enorme que adquiere todo lo que perjudica á un hombre famoso.

Milita fruncía el ceño, haciendo esfuerzos por contener la risa que le causaba lo extraño de este cambio. ¡Su padre metido á calavera!

—¡Papá!... ¡papá!—exclamaba con una entonación cómica de reproche.

Y papá excusábase, como un muchachuelo travieso é hipócrita, aumentando con su turbación las ganas de reir de su hija.

López de Sosa mostrábase indulgente con su ilustre suegro. ¡Pobre señor! ¡Toda la vida trabajando y con una mujer enferma, muy buena, muy simpática, pero que amargaba su vida! Bien había hecho en morirse, y no hacía menos bien el artista en indemnizarse un poco del tiempo perdido.

Con esa masonería instintiva de los que llevan una existencia fácil y placentera, el sportman defendía á su suegro, lo apoyaba, le parecía más simpático, más allegado á él, por sus nuevas costumbres. No siempre había de estar encerrado en su estudio, con aire irritado de profeta, hablando de cosas que pocos entendían.

Se encontraban los dos hombres por la noche en las funciones de última hora de los teatros, en la postrera sección de los music-halls, cuando las canciones y los temblores de las piernas en alto eran acompañados por el público con una tempestad de berridos y patadas. Se saludaban: preguntaba el padre por Milita, sonreíanse con la simpatía de buenos compadres, y cada uno se reunía á su grupo: el yerno con sus compañeros de círculo, en un palco, vistiendo todavía el frac de las reuniones respetables de que venían; el pintor en las butacas, con unos cuantos de los jóvenes melenudos que eran su escolta.

Renovales veía con cierta satisfacción á López de Sosa saludar á las cocottes más elegantes y de mayor precio, sonreir á las divettes, con la confianza de un buen amigo.

Aquel chico estaba admirablemente relacionado, y él acogía esto como un honor indirecto para su personalidad de padre.