—Váyase, niña—dijo con voz severa—. Ya me ha dicho usted todo lo que necesitaba decirme... Ya sé todo lo que debo saber.

Obedeció Consuelito, poniéndose de pie. Luego quedó indecisa, mirándola con ojos interrogantes.

—Váyase—repitió la señora—. Piense que el otro está arriba. Puede asomarse y verla.

Esta posibilidad, en la que no podía creer la viuda, sirvió para que la joven sintiese otra vez el miedo á que se enterasen los demás de su visita. Pero todavía antes de marcharse repitió su mirada interrogante.

—Váyase. Pronto tendrá noticias mías. No sé... tal vez mañana. Pero ¡ay! déjame sola.

Y sin ocuparse de lo que pudiera hacer la hija de don Antonio, sin mirar si permanecía en el jardín ó se marchaba, Concha Ceballos quedó en el banco, con la cabeza baja apoyada en ambas manos.

Las horas, tornadizas y elásticas en sus dimensiones según el estado de nuestro ánimo, pasaron para ella con una rapidez cinemática, como si se atropellasen las unas á las otras en vertiginosa sucesión. De todo lo que había hablado aquella joven sólo quedaba esto en su memoria:

«Usted es hermosa y elegante. Entre las dos un hombre no puede vacilar. Pero el tiempo pasa y... ¡él es tan joven!»

La juventud la irritaba ahora, como esos privilegios injustos que dan mayor brillantez á la existencia de unos para que resulte, por la rudeza del contraste, más obscura y desesperada la situación de los demás. ¿Por qué no era el tiempo idéntico para todos, haciendo crecer á la vez las diversas vidas y segándolas igualmente, como las mieses que surgen y mueren en masa sobre los surcos?... ¿Por qué habían de vivir los humanos la existencia desordenada y desigual de las selvas, donde unos árboles elevan su fanfarrona verdura juvenil junto á los troncos roídos, próximos á desplomarse, de los gigantes leñosos que conocieron siglos enteros de primaveras?...

Con la incertidumbre del navegante que al echar la sonda teme encontrar demasiado pronto el fondo, intentó profundizar en el tiempo que llevaba vivido. ¿Cuántos años tenía ella y cuántos aquel hombre que estaba arriba, herido, en una cama? Tal vez el tiempo interpuesto entre los dos no pasaba de diez años; tal vez doce...