—Sí; sólo encontré en mi casa una fotografía antigua de mi madre, tan borrosa, que me era preciso verla con la imaginación más que con los ojos... Porque no conocí á mi madre, amé á mi padre mejor tal vez que la mayoría de los hombres quieren al suyo... Pero ¿por qué me habla usted de todo eso?...
Al fin se decidió ella á hacer emerger el inmenso obstáculo, lo mismo que los antiguos taumaturgos podían levantar masas inmensas con la sola energía de sus palabras.
—Hablo de eso—dijo sombríamente—por dar contestación á lo que me pregunta, por justificar una huída que le parece incomprensible. ¿No ha pensado usted alguna vez en la posibilidad de que su nacimiento fuese otro que el que le contó con tanta brevedad su padre?... ¿No cree que puede haber existido más de un misterio amoroso en la historia juvenil del ingeniero Balboa, hombre apuesto é interesante, que viajó mucho por América y pudo conocer numerosas mujeres?...
Quedó mirándola Florestán, con los párpados dilatados por el asombro y la duda. No alcanzaba á entender por entero lo que pretendía decirle aquella señora. Y ésta, deseosa de dar ayuda á su comprensión, volvió á hablar:
—Por eso me alejé de usted al ver que se equivocaba en la apreciación de mi afecto. Yo soy la única mujer en el mundo que no puede amarle como las otras mujeres... Suponer lo contrario sería horrible...
Florestán la interrumpió sonriendo con una expresión de duda, como si fuese á enunciar algo disparatado, pero al mismo tiempo con cierta inquietud en su voz:
—No pretenderá usted hacerme creer que es mi madre...
Ella levantó los ojos, le miró fijamente, y con voz lenta y fría, que parecía dejar caer las palabras, repuso:
—¿Por qué no puedo serlo?...
Hubo un largo silencio. El joven quiso repetir su sonrisa, pero ésta se extinguió en sus labios apenas nacida. El gesto grave y doloroso de aquella mujer parecía aplastar su incredulidad. Se quitó el sombrero maquinalmente, á pesar de que estaba bajo los rayos del sol, y se rascó un lado de su cabeza, como si pretendiese restablecer con este frotamiento el orden de las ideas, alborotadas y revueltas, en el interior de su cráneo.