—A ese lo desprecio. Sé bien que nunca será un rival temible para mí.
Fluctuando entre la desconfianza por sus antecedentes, el agradecimiento por sus servicios y el deseo de coquetear con él para convencerse de su propia fuerza y hacer ver á sus amigas que este hombre tan temible para otras mujeres no podía inspirarle miedo, continuaba la viuda admitiendo sus visitas, hasta que de pronto sentía la necesidad de alejarlo. Era prudente guarecerse detrás de los obstáculos del tiempo y la distancia. Resultaba demasiado pegajoso en sus deseos de hacerla marquesa de Casa Botero... Y en uno de tales momentos había dispuesto su viaje á España para ayudar á Rina.
Al presentarse en Madrid este solicitante, ella acogió con risas la noticia de su llegada.
—Me lo temía—dijo á su compañera—. Ya está la familia completa.
Hubo sin embargo en su risa una expresión de contrariedad. «La Embajadora» no se sentía aquí con el mismo buen humor para tolerar á sus dos enamorados que en París y otras ciudades.
Por fortuna, el bondadoso Arbuckle la libró de su presencia. Nunca llegaba á presentir con exactitud los deseos de la viuda, pero algunas veces por obra del azar, sabía servirla y complacerla mejor que el otro. Pensó que, estando ahora en Madrid aquel adversario, simpático á las mujeres, pero enigmático y sospechoso para muchos hombres, nada podría adelantar él en sus pretensiones. Era mejor irse á Sevilla por unos días, justificando de tal modo lo que había dicho á la viuda.
El marqués, menos discreto que él, se había instalado en el mismo Palace, buscando sin recato alguno ver con frecuencia á la señora Douglas. Pero Arbuckle creyó que podía emprender tranquilamente dicho viaje, pues dejaba á sus espaldas buenos auxiliares.
Su ilustre amigo don Antonio había manifestado una opinión francamente adversa desde la primera vez que vió á Casa Botero.
—No me gusta ese tipo. Además... ¿qué marquesado es el suyo?... Nunca he oído mentar el tal título.
Florestán mostraba igualmente repulsión por él desde la noche que le conoció en el comedor del Ritz.