Le molestaba el tono familiar de su conversación con la señora Douglas, como si existiese en su pasado una intimidad que no podía mantener oculta. Le irritó la cortesía teatral con que besaba su mano.

Se dió cuenta por primera vez de que otros hombres, además de él, podían ser amigos de dicha señora, recibiendo sus palabras, sus ojeadas y sonrisas. Creyó que le robaban algo suyo, y esto le hizo perder la serenidad de su carácter simple y rectilíneo.

Casa Botero, como si adivinase sus sentimientos, le trató con una hostilidad falsamente cortés.

Repetidas veces, en el curso de esta primera comida, miró con inquietud á la señora Douglas y luego al joven. Aprovechando un momento en que Rina conversaba con Florestán, se inclinó hacia la viuda para decirla quedamente:

—Veo que ha hecho usted, apenas llegada, muy buenas amistades en Madrid. ¿Verdaderamente, le interesa la gente tan joven?...

VII
De las discusiones que tuvo Mascaró con su esposa y de un recado que le envió Florestán

El día que conocieron en Florencia á Casa Botero, y después en las numerosas conversaciones tenidas con él en París y otras ciudades, las dos californianas le oyeron hablar siempre con orgullo de su noble abolengo español.

—Los Casa Botero somos de origen siciliano, pero mis ascendientes sirvieron con tal lealtad á Carlos III, que al renunciar éste á la corona de Nápoles para ser rey de España, no quiso separarse de ellos y ordenó que le siguieran á su nuevo reino, figurando mucho en la corte de Madrid.

Esto lo decía estando en Italia y en Francia; pero al vivir en Madrid empezó á mostrarse más siciliano que español. Olvidaba á los abuelos que siguieron á Carlos III para hacer memoria únicamente de los otros que se habían quedado junto á los Borbones de Nápoles, así como de ciertas propiedades y derechos que aún poseía en Sicilia.

Como sólo le visitaban en Madrid algunos amigos aficionados á los deportes y dados á los placeres conocidos por él en París, y había hecho mención tantas veces de los ilustres tíos y primos que tenía en España, creyó necesario justificar este retraimiento de su familia.