—Anoche me dijo Moreno que Pirovani y Canterac empiezan á hacerse la guerra. El uno se resiste á aprobar como ingeniero los trabajos que hace el otro como contratista. Desea perjudicarle, retardando de este modo los pagos del gobierno… Pirovani dice que suspenderá las obras y se irá á Buenos Aires, donde tiene muchos amigos, á quejarse del ingeniero.
Estas palabras hicieron salir al español de su indiferencia silenciosa.
—Y mientras discuten—dijo con ira—llegará el invierno, crecerá el río antes de que el dique esté terminado, las aguas destruirán y arrastrarán el trabajo de varios años, y todo habrá que volverlo á empezar.
El marqués, que parecía pensativo, exclamó de pronto:
—¡Esos dos hombres eran antes tan amigos!… Algo, indudablemente, debe haberse interpuesto entre ellos…
Robledo hizo un esfuerzo para que sus ojos no transparentasen lástima ni asombro, y movió la cabeza afirmativamente.
* * * * *
#XI#
Poco después de la salida del sol abandonó Moreno su casa, por haberle llamado Canterac urgentemente.
Al entrar en el alojamiento del ingeniero encontró á éste paseando con impaciencia. Se había puesto ya las botas altas y el pantalón de montar. Un cinturón con revólver y su blusa estaban sobre una silla.