—¿Sí que acepta usted?… ¡Oh! ¡Gracias! ¡gracias!
Pero Elena le repelió para que no pasase más adelante en sus caricias, y con una gravedad de mujer que sabe plantear los negocios, continuó hablando:
—Si llegase á decir «acepto», sería con la condición de que nos marchásemos hoy mismo. De no ser así, podría arrepentirme… Además, ¿por qué seguir más tiempo en este rincón odioso? Todos son enemigos míos. Hasta mi marido me abandona… No sé qué es de él.
Moreno contestó con movimientos de afirmación. Debían aprovechar el tren de aquella misma tarde. Si esperaban al próximo, era posible que en el transcurso de dos días ocurriesen nuevos incidentes. El pobre empleado creía de buena fe que la marquesa era capaz de arrepentirse de su resolución, y consideraba necesario aprovechar este momento favorable.
Elena fué haciendo preguntas, cada una de las cuales vino á ser como un artículo del contrato verbal que establecía con él, antes de seguirlo. Explicó Moreno todo lo que Pirovani le había confiado al darle sus papeles y las instrucciones que añadió de palabra. Su fortuna era sólida. Antes del duelo le había entregado igualmente todo el dinero que tenía en su alojamiento. El oficinista podía costear el viaje y la instalación de ella por mucho tiempo en un lujoso hotel de Buenos Aires.
—Una vez en la capital—continuó—cobraré todos los depósitos que hay allá á nombre de Pirovani y haré lo necesario para que el gobierno pague igualmente lo que le debe por sus trabajos… Conozco á muchas personas importantes que me ayudarán… Va usted á ver que, aunque algunos me tienen por zonzo, sé darme bien la vuelta en esto de la plata… Y apenas deje arreglados los negocios, nos embarcaremos para Europa.
Otra vez, enardecido por su propias palabras y seguro de la aceptación de Elena, se atrevió á poner las manos sobre su cuerpo, pero se vió repelido.
—No—dijo ella severamente, á la vez que entornaba los ojos con malicia—. Le advierto que mientras no hayamos llegado á París sólo seré para usted una compañera de viaje. Los hombres se muestran ingratos si logran su deseo desde el primer momento; abusan de la bondad de la mujer y olvidan luego sus compromisos.
Sonrió con una expresión prometedora, y dijo en voz queda, entornando sus párpados:
—Pero así que lleguemos á París…