El famoso capitán Cook fué más sincero que muchos de sus compatriotas, y en los relatos que dejó escritos de sus viajes menciona varias veces á los descubridores españoles que le precedieron más de siglo y medio en el descubrimiento de muchos archipiélagos del Pacífico. Hasta cuenta haber encontrado en poder de los indígenas de una isla espadas viejas que procedían de los antiguos marinos españoles.

Los autores ingleses nunca se han acordado de los precursores de su ilustre compatriota, de Álvaro de Mendaña, Quirós, Torres y otros pilotos españoles y portugueses, que dieron á muchas islas y estrechos de Oceanía los nombres ibéricos que ostentan aún ó sus propios apellidos.

Con el archipiélago de Hawai ocurre lo mismo. Al hablar de él se afirma, como algo indiscutible, que fué Cook el primero que lo descubrió. Algunos autores más escrupulosos llegan á decir de una manera vaga que mucho antes del viaje del mencionado explorador habían llegado á Hawai unos náufragos españoles, pero no añaden á esto ni una palabra.

Confieso que tampoco sabía yo más que estos autores cuando desembarqué en Hawai, y por ello quedé sorprendido al encontrar en las tradiciones y los museos de estas islas numerosos recuerdos que hacen referencia al primer descubrimiento realizado por los españoles. Los habitantes actuales del archipiélago polinésico, á pesar de que muchos de ellos tienen un origen británico por ser norteamericanos, gustan de hacer retroceder las fronteras de su pasado, la antigüedad histórica de su tierra de adopción, y esto, unido á ciertos descubrimientos arqueológicos, les ha permitido reconstruir los tiempos anteriores á la llegada de Cook, en 1778.

Dos siglos antes, según las tradiciones del país transmitidas de generación en generación, pusieron sus pies en la costa de Hawai los primeros blancos, procedentes de España. Hernán Cortés, al verse desposeído del gobierno de Méjico por Carlos V, se dedicó á hacer exploraciones en el Océano Pacífico, con la esperanza de encontrar nuevas tierras. Él fué el primero que construyó buques en la orilla americana de este mar, consumiendo tal empresa gran parte de su fortuna.

Una escuadra compuesta de tres barcos: el Florida, el Santiago y el Espíritu Santo, bajo el mando de Álvaro Saavedra, fué enviada por Cortés en busca de las famosas islas de la Especiería; pero las tempestades del Pacífico la disolvieron, tragándose dos de las naves. Un capitán español y su hermana pudieron llegar con otros náufragos á una de las actuales islas de Hawai, siendo acogidos hospitalariamente por sus habitantes.

Estos españoles tuvieron que amoldarse á su nueva existencia, presintiendo que jamás volverían los suyos á buscarles en tierras tan lejanas é ignoradas, y casaron en el país, llegando á ser guerreros poderosos. A principios del siglo XIX, en tiempos del emperador Kamehamea I, el «Napoleón de Oceanía», algunos de los caudillos que le secundaban en sus conquistas exhibían como título de suprema nobleza el ser descendientes del capitán español ó de su hermana, llegados al país dos siglos antes.

Las tradiciones de Hawai no mencionan nuevas arribadas de españoles; pero hace veinte años, al abrirse los cimientos de un edificio fuera de Honolulu, fué encontrado un gran busto, obra de escultor indígena, hecho con la fidelidad minuciosa y un poco caricatural de las imágenes divinas de la Polinesia. Este valioso hallazgo arqueológico se apresuró á adquirirlo el cónsul alemán de Hawai, y está ahora en un museo de Berlín.

Yo vi una copia en yeso que existe en el Museo Bisop de Honolulu, sin conocer previamente su origen y su título, é inmediatamente atrajo mi atención, excitando luego mi asombro. Entre las numerosas divinidades hawaianas de larga nariz y prominente mandíbula, semejantes por su tallado grotesco á las célebres imágenes de la Isla de Pascuas, me fijé en una cabeza con melenas, bigote, perilla y gola rizada. Es obra grosera y primitiva, sus facciones están ensanchadas, pero semeja reflejar, á través de un espejo deformatorio, cualquiera de los hidalgos pintados por el Greco ó por Velázquez.

El catálogo del museo me demostró la exactitud de tal semejanza. La obra se titula: «Capitán de buque español, esculpido por un artista del país».