Sobre los muelles pasan los palanquines sostenidos por unos coolíes de grandes sombreros que parecen setas vivientes, ricshas empujadas por corredores de redondas piernas, hombres-caballos y hombres-balanzas que lo llevan todo en dos discos de fibra pendientes de un grueso bambú incrustado en un hombro; mujeres que trabajan más que los varones y se entregan á una reproducción fatalista durante su reposo de bestia de labor.
La policía arrastra hasta los buques marineros que ha recogido inánimes en los muelles. Los cree borrachos y han muerto á consecuencia de un hartazgo alcohólico. Otros, al recobrar la razón, bajan castigados al infierno de las máquinas.
Vendedores ambulantes gritan ante los trasatlánticos que tienen su pared de acero pegada al muelle. Un mercado provisional extiende sus puestos junto á la férrea pared perforada de ventanos redondos. En las blancas terrazas de estos palacios flotantes, sus huéspedes miran los objetos que ofrece la muchedumbre amarilla más abajo de sus pies: sillones de junco, amuletos de falso jade, sombrillas de cartón pintarrajeado, abanicos de plumas.
Salen buques para la costa americana, que es la acera de enfrente, y está, sin embargo, en el lado opuesto del planeta. Llegan otros de los diversos rincones del Océano Pacífico, gran plaza de la humanidad futura que aún ignora la mayor parte de Europa.
Para que el mundo de los blancos se entere de la existencia é importancia del Pacífico, será necesaria una gran guerra. Así se dió cuenta por primera vez de que existía el Japón.
XII
HONG-KONG Y CANTÓN
Las huelgas de los chinos.—Banquetes ruidosos.—Servidumbre de las casas ricas de Hong-Kong.—«No vaya usted á Cantón».—Historia del gran puerto del té y de la porcelana.—La republicana Cantón y sus habitantes revolucionarios.—El doctor Sun Yat Sen.—Las dos Chinas.—Viaje á Cantón.—La ciudad flotante sobre el río Perla.—Los «bajeles de flores».—Agresividad xenófoba de los cantoneses ante los buques de guerra anclados en el río.—Tiros en las calles.—Los cónsules nos aconsejan un pronto regreso á Hong-Kong.—Los piratas del estuario.—Una novela de 70 tomos y 1.000 personajes.—El asalto del vapor-correo de Macao.—La capitana de los dos revólveres.—Voy á Macao.
Encuentro á los hombres de negocios de Hong-Kong en pleno boom, lo mismo que los de Shanghai. Hablo con varios jóvenes que hace meses eran simples empleados y ahora tienen más de 100.000 dólares, adquiridos en rápidas especulaciones. Otros negociantes más viejos sonríen escépticamente al considerar tales triunfos. Han conocido en su vida varios boom pero no menos krac, y saben que en estos países de formación reciente las fortunas se crean y se deshacen con igual prontitud.
La prosperidad de Hong-Kong parece dificultar su vida interior. Cerca está Cantón, la más revolucionaria de las ciudades del antiguo Imperio, que solivianta los ánimos de las nueve décimas partes de la población de Hong-Kong. Los chinos de este puerto inglés no son sindicalistas ni saben qué puede significar tal nombre, pero encuentran agradable ver doblados ó triplicados sus jornales y gozan además cierto placer interior dificultando la vida de los «demonios blancos». Los comités revolucionarios de Cantón se dedican á organizar huelgas en las colonias próximas, gobernadas por europeos, y estas huelgas han obtenido hasta ahora en Hong-Kong un éxito completo y ruidoso. Los hombres amarillos son insustituibles para la resistencia pasiva y no hay miedo de que ninguno de ellos falte á las órdenes secretas de sus directores.
Hong-Kong ha visto su vida paralizada semanas enteras. Hasta los portadores de palanquines y ricshas desaparecieron cual si se los hubiese tragado el suelo. Las calles de la hermosa ciudad quedaron desiertas, como avenidas de cementerio. Y el gobierno de Hong-Kong, que se compone de un gobernador enviado por la corona de Inglaterra y los personajes más importantes de la ciudad, tuvo que transigir repetidas veces con las imposiciones de los revolucionarios. Hay quien dice que esta derrota de los ingleses dentro de Hong-Kong se debe á la excesiva prosperidad del país. Autoridades y comerciantes se enriquecen en poco tiempo, y esto parece quitarles energía para hacer frente á las imposiciones de los chinos. Desean que se restablezca cuanto antes la marcha normal de los negocios y continúen sus ganancias.