Cantoneses han sido los chinos más ilustrados de los últimos tiempos. Desde hace medio siglo la juventud intelectual de Cantón completó sus estudios en los Estados Unidos y en Europa. Además, estos chinos del Sur son más inquietos y menos sufridos que los del Norte. Sus antecesores actuaron muchas veces de piratas ó vivieron en las montañas como rebeldes. En los últimos años del Imperio los cantoneses entonaban en las calles canciones injuriosas para el Hijo del Cielo y los gobernantes de Pekín, sin que las autoridades imperiales de la ciudad osasen tomar medidas contra tales irreverencias.
Como era lógico, el movimiento republicano que dió fin á la dinastía de «los Muy Puros» tuvo su origen en Cantón. Pero una vez establecida la República, los hijos de dicha ciudad se negaron á continuar siendo gobernados desde Pekín, como en tiempos del Imperio, declarándose independientes y constituyendo la llamada República del Sur.
Este separatismo no es algo circunstancial, inventado por las divergencias de los partidos políticos. En realidad existen dos Chinas, completamente distintas. El habitante de Pekín, grande de estatura, sereno de rostro, parco en palabras, medio tártaro y medio manchur, no se parece al chino exuberante, imaginativo, de ingobernable individualismo, que puebla las provincias meridionales y al extenderse como emigrante por América se llama orgullosamente cantonés.
El doctor Sun Yat Sen, creador de la República del Sur y su eterno Presidente, es un médico de Cantón que estudió en los Estados Unidos, trabajando con energía en la época del Imperio para hacer triunfar la República. Mas ahora, dentro de su propia casa, lucha con numerosos adversarios que dificultan su política interior y además hace frente á las naciones extranjeras, mantenedoras del gobierno de Pekín, que se niegan á reconocer la República del Sur.
En el presente momento sostiene una lucha franca con todas las potencias. Éstas cobran los ingresos de las aduanas chinas, y después de guardarse una parte de ellos por indemnizaciones acordadas hace años, entregan el resto al gobierno de Pekín. El doctor, Presidente del Sur, se opone á que las potencias intervengan las aduanas dependientes de Cantón si no se comprometen á entregarle el sobrante, dado hasta ahora á sus enemigos de la China del Norte.
Se hallan actualmente anclados en el río Perla buques de guerra de todas las naciones que tienen intereses en China, para intimidar á Sun Yat Sen con esta demostración naval.
—No vaya usted—me repiten—. El populacho de Cantón se muestra furioso contra los blancos y puede ocurrir de pronto una matanza. Después vendrá la intervención armada de las potencias y también los castigos y las indemnizaciones, pero el que haya sido muerto en la revuelta seguirá muerto.
Voy, sin embargo, á Cantón, y el viaje resulta breve, fatigoso, casi inútil. Hay un ferrocarril que parte de Hong-Kong, pero hace más de un año que no funciona. La línea es inglesa, y como el presidente de la República de Cantón se quedó repetidas veces con el material rodante, sus directores han creído oportuno suspender el servicio. Viajamos por el río en cómodos vapores á estilo americano, con varias cubiertas, que son á modo de hoteles flotantes.
Pasamos entre las numerosas islas del estuario, siguiendo unos canales dorados por el sol naciente, con riberas de verde obscuro. Dentro ya del río atravesamos un estrecho que los descubridores portugueses llamaron Boca Tigris. A la ida, navegando contra la corriente, invertimos unas seis horas. El regreso, como es natural, resulta más rápido.
A pesar de que los europeos llevan tres siglos establecidos en Cantón, todavía viven aparte, ocupando un barrio llamado Shameen, separado del resto de la población por un canal y que es el lugar donde estaban antiguamente las factorías. Hoy Shameen es una ciudad de tipo americano, con edificios de muchos pisos y varios hoteles, de los cuales el Victoria es el mejor y el más concurrido. Una cuarta parte de los vecinos de este Cantón blanco son franceses y los restantes de lengua inglesa. El «Christian College», establecimiento importantísimo sostenido por los misioneros de los Estados Unidos, sirve de Universidad á muchos centenares de jóvenes del país, que reciben en él una educación moderna. Ocupa el resto de Cantón una área enorme y está habitado por más de dos millones de chinos. Las antiguas murallas, parecidas á las de Pekín, fueron cortadas en varios puntos para dar expansión á la ciudad. Además, una parte de los habitantes, más de 150.000, viven sobre el río en sampanes.