Efectivamente, estos atentados sólo ocurren cada seis meses, poco más ó menos. Las autoridades británicas, después de una piratería, adoptan las medidas más severas. Buques armados surcan incesantemente los canales del estuario, la policía bate las islas, el tribunal de Hong-Kong muestra una severidad inusitada y condena á ser ahorcados á todos los chinos que han cometido un crimen, aunque éste no tenga carácter pirático.
Transcurre el tiempo sin que los bandidos de los canales den motivo para que hablen de ellos; la autoridad se muestra menos vigilante, creyendo terminado dicho mal, y cuando la gente se embarca con mayor confianza para ir á Macao, ciudad de vida agradable y juego libre, donde los chinos ricos arriesgan su dinero al «Fan-tan» y los viajeros blancos pueden admirar los antiguos edificios de aire señorial, una nueva banda de piratas da otro golpe, con capitana ó sin ella.
A pesar de tales relatos me embarco al día siguiente para la colonia portuguesa. Otros pueden seguir con tranquilidad su viaje sin sentir la atracción de Macao. Yo he nacido en la Península Ibérica y además soy escritor.
Sería vergonzoso haber estado á cuatro ó cinco horas de distancia y no visitar la vieja ciudad donde Camoens, desterrado y pobre, compuso su poema inmortal, pensando en las glorias de la patria lejana.
XIII
VIAJE Á MACAO
Registro de chinos antes de su entrada en el vapor.—Cubiertas transformadas en jaulas y puente convertido en fortaleza.—Recuerdos del asalto de los piratas.—«¡Necesito matar á un chino!»—La interesante «Ciudad del Santo Nombre de Dios en China».—Los juncos con cañones, anclados en su antiguo puerto.—El nuevo puerto de Macao.—Gran porvenir de la ciudad.—Excelente administración del gobernador Rodrigues.—La gruta de Camoens.—El juego del «Fan-tan» y otras particularidades interesantes del viejo Macao.—La calle de la Felicidad y sus altares.—Regreso á media noche por el estuario de los piratas.—Las fosforescencias del mar chino.—Espectáculo inolvidable.
En las primeras horas de la mañana nos embarcamos para Macao. Vemos ante el buque numerosos grupos de chinos. Un retén de policía regula su avance, uno por uno, sobre la pasarela que junta al casco con el muelle. Todos son registrados de cabeza á pies, y sólo pueden seguir adelante cuando el agente indostánico queda convencido de que no llevan el más pequeño cortaplumas. Como estos hombres amarillos se parecen todos por su traje azul y sus rostros casi uniformes, es difícil establecer distinciones entre un coolí pacífico que va por sus negocios á Macao y un pirata que prepara con sus compañeros el ataque del buque en mitad del viaje.
Este vapor-correo es igual á todos los que navegan en el estuario y los ríos cercanos, pero después del asalto que presenció mi compatriota, se han hecho en él grandes reformas defensivas. Verjas de gruesos barrotes, semejantes á las de las cárceles, lo dividen en varias secciones. Un gendarme indostánico, con uniforme azul, gorra blanca, carabina y revólver, guarda la puerta abierta de cada una de dichas barreras mientras dura el embarque. Cuando el buque empieza á navegar todas las entradas de los jaulones se cierran interiormente y los centinelas quedan detrás, apoyando sus carabinas sobre la cruz de los barrotes.
La cubierta superior también está interrumpida por fuertes enrejados que cortan la comunicación entre las diversas clases del pasaje, y para evitar que los asaltantes puedan deslizarse al otro lado de ellos, sacando el cuerpo fuera de la borda, se han prolongado las verjas sobre el mar con semicírculos exteriores de puntas agudas como lanzas. El puente donde va el capitán está defendido con placas de acero cromatizado, iguales á las mamparas que cubren á los artilleros en las piezas modernas. De este modo los tiros de los piratas no pueden alcanzar á los que dirigen el buque. Pero los que presenciaron el último asalto no muestran gran fe en tales precauciones y creen que los chinos inventarán algo inesperado para salvar estos obstáculos defensivos.
Antes del embarque nos hemos despojado de los relojes y joyas de uso diario. Vienen conmigo dos señoras, acompañadas de sus doncellas. Una de las mencionadas damas, muy hermosa y elegante, nació en Bombay, pero es hija de español. Está casada con Mr. Stephan, director del Banco de Hong-Kong y Shanghai, institución financiera la más importante de todo el Extremo Oriente. Su director figura por derecho propio en el Consejo de gobierno de Hong-Kong, siendo á modo de su ministro de Hacienda.