Tengo mi opinión propia, formada después de oir á unos y á otros.
No niegan los Estados Unidos el derecho de Filipinas á su independencia, ni lo negarán nunca de un modo terminante. Se oponen á ello sus nobles tradiciones civiles. Existen dentro de la gran República imperialistas que se muestran á veces cínicos y brutales en sus deseos, mas la inmensa mayoría del pueblo americano es enemiga de guerras y dominaciones por la fuerza, y cree generosamente que todo país debe gozar su libertad.
Pero no es menos cierto que el gobierno de Wáshington, teniendo en cuenta los informes de las autoridades de Filipinas, aprecia cada vez más el valor económico de este archipiélago y su situación estratégica, deseando conservarlo á todo trance.
Para algunos americanos, nunca llegará el momento oportuno de dar á los filipinos su independencia. Aunque todos los naturales del archipiélago fuesen un portento de educación cívica, encontrarían siempre motivos para decir que no era llegada la hora. ¡Es tan fácil inventar pretextos, teniendo en cuenta la imperfección humana!... Confían en el tiempo y en la escuela para que se adormezca poco á poco este sentimiento de independencia, y acabe Filipinas por entrar mansamente en la Confederación americana como un simple territorio.
La escuela de primera enseñanza emplea la lengua inglesa. Los profesores filipinos dan sus lecciones en inglés, con arreglo á los métodos oficiales. El español únicamente se estudia en la segunda enseñanza y en la Universidad como una lengua extranjera.
El idioma moldea el alma; por eso la dominación americana ha creado aquí escuelas verdaderamente maravillosas, y al dar al filipino más pobre una educación brillante, procura hacer de él un futuro súbdito de los Estados Unidos.
Los partidarios de la independencia velan á la parte de fuera de la escuela. Jamás se ha hablado tanto en Filipinas la lengua española. En tiempos de nuestra dominación, el pueblo, como señal de protesta, hablaba el tagalo. Sólo los de una cultura superior conocían aquélla.
Ahora, como una afirmación de nacionalismo, los niños que hablan inglés en la escuela aprenden el español en su casa, y esta es la lengua espontánea muchas veces de sus juegos callejeros.
Después de extinguirse los apasionamientos propios de toda revolución, los filipinos amantes de la independencia reconocen la parte de beneficios que tuvo para ellos la civilización española, y adoptan nuestra lengua como un arma de largo alcance. En todo el archipiélago, según me afirman los conocedores, existen más de veinte lenguas vernáculas, y el tagalo usado en Manila no es mas que una de ellas. En cambio, el español tiene grupos parlantes en todas las islas. Además, es la lengua de veinte naciones del Nuevo Mundo y de cien millones de seres. Valiéndose de ella, los filipinos no quedan aislados en un extremo del Pacífico y se ponen en comunicación espiritual con la mayor parte de las naciones que acompañan á los Estados Unidos en el disfrute del continente americano.
Yo veo la historia futura de Filipinas á modo de una carrera de jinetes. La escuela oficial, magnífica y opulenta, fabrica americanos para el porvenir. El nacionalismo filipino espera en la calle á las nuevas generaciones y les inspira el amor á la independencia. El fuego sagrado de la patria se va renovando así de pecho en pecho.