Se comprende que las primeras tribus pobladoras del Nilo, al ver su dirección linearia de Sur á Norte, igual á un meridiano, imaginasen que el resto del mundo estaba dividido por su río en dos partes iguales, y esto les hizo creer en la serpiente mítica enrollada en torno de nuestro globo mordiéndose la cola.
Siento un vehemente deseo de conocer los restos de la capital tebana. Sin ella se hubieran perdido las mejores obras del arte egipcio y gran parte de su historia.
Memfis desapareció casi enteramente. Sólo quedan de ella las Pirámides, la Esfinge y los templos salvados por la marea arenosa del desierto. Situada cerca del delta, por donde entraron todas las invasiones, sufrió más que las ciudades del interior. Los musulmanes, al crear El Cairo en sus cercanías, la explotaron como una simple cantera. Sus templos ruinosos, pero todavía en pie, fueron cayendo bajo la piqueta de los alarifes árabes, y en las mezquitas del Cairo se encuentran muchas piedras procedentes de Memfis y Heliópolis empleadas como sillares, sin respeto para sus inscripciones jeroglíficas. Hicsos, persas, macedonios, romanos y árabes, todos los invasores de Egipto, permanecieron en el delta, estableciéndose cerca de Memfis y aprovechando como materiales de construcción las obras faraónicas.
Tebas, situada en lo alto del Nilo, lejos del núcleo invasor, pudo conservarse durante muchos siglos lo mismo que en sus mejores tiempos. Si sus edificios milenarios sufrieron grandes quebrantos, fué por obra de la Naturaleza más que del hombre. Varios temblores de tierra en los últimos años de la edad antigua destruyeron una parte de sus templos, pero las piedras derrumbadas quedaron al pie de los muros, y han sido relativamente fáciles las restauraciones.
El origen de Tebas resulta obscuro y modesto. En los tiempos más gloriosos de Memfis los príncipes de Tebas eran unos feudatarios sin importancia. A partir de la XII dinastía suplantaron á los soberanos memfitas, pero les fué necesario mucho tiempo para hacerse reconocer por todo el país. No cuentan las crónicas egipcias cómo lo consiguieron, ni se sabe gran cosa de la primera dinastía tebana. Durante su reinado empezaron las guerras de los egipcios con los pueblos vecinos, veintiocho ó treinta siglos antes de nuestra era.
Habían llegado los egipcios de entonces á una civilización culminante. Puede decirse que sólo avanzaron después muy lentamente. En las tumbas de los personajes de dicha época hay pinturas que representan las operaciones agrícolas tal como se realizan aún en muchos pueblos modernos, especialmente la recolección de las mieses y la vendimia. Se ven escultores que tallan piedras, vidrieros que inflan botellas, alfareros que moldean vasijas y las cuecen, carpinteros, ebanistas, tejedores, la mayor parte de los oficios existentes en la actualidad.
Estos primeros monarcas de Tebas reinaron en paz sobre Egipto durante quinientos años; pero el peligro para ellos vino de fuera, y al final de la XIV dinastía no pudieron defender el territorio nacional.
Vivían entonces entre Egipto y Siria unas tribus de pastores, guerreros nómadas y ladrones, que viajaban incesantemente por el desierto Arábigo, en busca de hierba para sus rebaños de terneros y camellos. Eran semejantes á los actuales beduínos de Arabia. Un jefe indígena los agrupó excitando su codicia con la descripción de las riquezas de los faraones, y atravesando el istmo, cayeron sobre Egipto lo mismo que una nube de langosta.
Incendiaron muchas ciudades, exterminaron á los hombres, esclavizaron mujeres y niños, y luego de conquistar todo el delta eligieron un rey. Doscientos años gobernó el país la dinastía de los monarcas hicsos. Los vencidos le daban este nombre, que significa «reyes de ladrones». Otros llaman á los hicsos «reyes pastores». Ellos y sus guerreros son tratados en las inscripciones egipcias de «malditos, impuros, leprosos y pestíferos».
Los hicsos, á semejanza de otros invasores del Egipto, acabaron por adoptar las mismas costumbres de los faraones, edificando templos y palacios, aconsejándose, como ellos, de escribas conocedores del espíritu nacional. Los príncipes de Tebas, considerándose sin fuerzas para combatirlos, permanecieron sometidos doscientos años, pero al fin se sublevaron, y después de otro siglo de guerras consiguieron libertar á Egipto.