Así se explica la absurda invención, que tanto desorientó á los comentaristas de las Pirámides, de construir toda una montaña maciza para abrigar una estrecha galería, casi comparable por su pequeñez á un tubo de chimenea, conduciendo á una cámara funeraria igualmente insignificante en parangón con el inmenso resto de la obra. La cripta para el cadáver de Kheops en la Gran Pirámide representa como relación de tamaños menos que la pepita de una manzana en el interior de dicha fruta.
El miedo á que profanasen sus tumbas les hizo adoptar tan exageradas precauciones. Era grande en Egipto el respeto á la muerte, pero aún era mayor la miseria del pueblo, y durante miles de años muchedumbres famélicas miraron con envidia las tumbas de unos reyes cuyos nombres habían olvidado, y en cuyo interior existían tesoros perdidos rodeando á sus momias.
Se hablaba, por tradición, de «salas de oro» donde los sacerdotes y las concubinas de los faraones habían depositado todo lo que les perteneció en vida, armas, joyas, muebles y trajes. En ciertos períodos de hambre, cuando por una crecida defectuosa del Nilo resultaba mala la cosecha, bandas armadas asaltaron dichas tumbas, descubriendo con husmeos hábiles de indígena todos los secretos de su entrada.
Antiguos papiros hablan de muchos robos de sepulturas reales. En tiempos de Estrabón ya habían sido saqueados cuarenta sepulcros de faraones y desaparecido sus cadáveres, quedando abiertas á todo el mundo las galerías minuciosamente disimuladas durante miles de años. Los turistas de Grecia y de Roma entraban en ellas con toda libertad para cubrir sus muros de inscripciones, lo mismo que los visitantes actuales.
Al penetrar por primera vez los exploradores de nuestra época en la Gran Pirámide la encontraron vacía. Muchos siglos antes, los musulmanes habían descubierto su entrada. Lo único que vieron en su interior fué el nombre de Kheops marcado en los sillares con tinta roja. En la segunda pirámide, ó sea la de Khefren, descubierta en 1818, la exploración de su interior tampoco dió resultado. Sólo encontraron un sarcófago vacío, y en los muros de la cámara sepulcral una inscripción árabe declarando que ya había sido visitada por un soldán del Cairo, sucesor de Saladino, sin descubrir nada digno de consideración. Esto fué sin duda porque la habían registrado y robado muchos siglos antes los bandoleros indígenas.
La tercera y más pequeña de las Pirámides, la del faraón Micerino, es superior á las otras por la finura del trabajo y guarda una parte de su bello revestimiento. Cuando fué descubierta su entrada por un explorador italiano y un coronel inglés, éstos se convencieron inmediatamente de que también la habían robado los antiguos egipcios. Sin embargo, todavía encontraron en ella un hermoso sarcófago de piedra y un ataúd de momia hecho de cedro, con el nombre de Menkara, que es, como ya dijimos, el de Micerino. Este hallazgo único de las Pirámides tuvo mala suerte. Lo embarcaron para Inglaterra, y el buque naufragó frente á las costas de España, á la altura de Cartagena. Como el sarcófago pesaba tres toneladas, se fué al fondo del mar. El ataúd del faraón, con su cubierta imitando la forma de la momia, flotó sobre las aguas y lo recogieron algunos días después, figurando actualmente en el Museo Británico.
Esta pirámide de Micerino es la única que tiene su leyenda. Las otras dos son mudas.
Micerino fué un héroe de novela gracias á la mujer que le acompañó en el trono, durante su corta existencia.
Dos historias van unidas á su nombre y á la tercera pirámide. En una de ellas Micerino figura casado con su hermana Nitokris, unión que nada tiene de extraordinaria. Casi todos los faraones fueron incestuosos. La etiqueta real exigió durante miles de años que el rey de Egipto se casase con una hermana suya, para que no viniesen hembras extrañas á profanar la pureza de la dinastía. También el dios Osiris estaba casado con su hermana la diosa Isis. El incesto se encuentra al principio de todas las historias religiosas, absolutamente de todas. Oportuno es recordar que los hijos de Adán se casaron con sus hermanas las hijas de Eva.
Nitokris, «la bella de las mejillas de rosa»—tal es el significado de su nombre—, recibió un día la noticia de que su fraternal esposo Micerino había sido asesinado por orden de los principales personajes de la corte. Éstos, deseosos de gobernar el país indirectamente, ofrecieron el trono á Nitokris, y ella lo aceptó pensando en su venganza. Hizo edificar una sala subterránea cerca del Nilo y con el pretexto de inaugurarla invitó á un gran banquete á cuantos próceres habían tramado el asesinato de su esposo. Todos acudieron, y los ahogó derrumbando sobre el banquete las aguas de un canal abierto ocultamente.